Aníbal, Haití y la diplomacia

Frederich E Berges
Frederich E Berges

El pasado día 24, nuestro embajador ante los Estados Unidos de Norteamérica, con sede en Washington, D.C., el amigo y maestro periodista Aníbal de Castro, participó en el programa Al Punto, de Univisión, en una comparecencia que ningún dominicano puede darse el lujo de pasar por alto (http://www.youtube.com/watch?v=dN57UGnNIsA) a pesar de que ya aparecen su detractores.

Amén de exhibir su clásica ecuanimidad, lo cual le distanció de la histeria que presentaba el conductor Jorge Ramos en un vano afán de que nuestro embajador perdiera el equilibrio. De Castro contestó insistentes insinuaciones, que recogían la agitación desatada por la reacción haitiana y sus simpatizantes, frente a la sentencia TC/0168/13 de nuestro Tribunal Constitucional.

Aclarando que la susodicha sentencia carece del carácter racista que le quieren atribuir los detractores de la dominicanidad, nuestro embajador afirma que el Tribunal Constitucional no ha hecho más que reiterar la sentencia del 2005 de la Suprema Corte de Justicia del país, en cuya ocasión no hubo ni sombras del desatino que hoy vivimos, instigado por simpatizantes de un país inestable política, social y económicamente, que nos quiere exigir una condición de nacionalidad, que ni ellos mismos aplican.

La República Dominicana, al igual que otras 140 naciones, que incluyen a la Gran Bretaña, Francia y España, tiene desde el 1929, una política migratoria definida, donde el mero hecho de haber nacido en el país no concede la nacionalidad, como ocurre de manera excepcional en Argentina, Brasil y Estados Unidos de Norteamérica. Explica de manera precisa la condición continental de los países de excepción, y precisa el carácter universal de nuestra política.

Esta participación del embajador De Castro, digno de memorizarse por el alicaído y endeble cuerpo diplomático, que frente a los inmerecidos e interesados ataques de que es objeto el país, ha dejado ver su refajo.