Amor con amor
Cuando somos niños sabemos a ciencia cierta que las personas que más amamos y que más nos aman son nuestros padres. Mientras crecemos, mucho ruido interfiere en nuestra relación con ellos, pero cuando tenemos nuestros propios hijos reconfirmamos ese amor incondicional gracias a nuestros hijos.
Los padres tienen que esperar a que los hijos tengan sus propios hijos para que valoren el amor y la entrega que reciben de parte de sus padres, quienes habitualmente no piden nada a cambio, solo esperan con paciencia a que sus vástagos puedan ir por el buen camino y alcanzar grandes o pequeñas cosas que, al final, forman sus vidas.
Hoy, que estamos prestos a celebrar el Día de las Madres en la gran mayoría de las culturas, pero en diferentes días de mayo, pienso que tenemos que detenernos a pensar y volver a revalorar ese ser tan especial que nos dio la vida y que vivió muchos desvelos por nosotros, incluso por aquellas que no pudieron quedarse a ver crecer a sus hijos, pero que no por ello los amaron menos.
Hoy me atrevo a dedicar algunos pensamientos a aquellas mujeres que dejaron sus hijos en adopción e incluso en aquellas que simplemente los dejaron porque aún así son madres, creadoras de vidas, y hoy muchas de esas personas que sin explicarse por qué sus madres los abandonaron tienen que agradecerles el simple hecho de haberlos traído al mundo.
Un abrazo para todas las madres del mundo, pero muy en especial para las mías, porque además de la que me trajo al mundo, quien ha estado en cada momento, también tuve a mi adorada abuela.
La vida me ha premiado con una madre más. Las amo a las tres, cada una tiene un lugar muy especial en mi corazón.