La publicación de los resultados de PISA 2025 no solo actualiza el estado del aprendizaje en el mundo; también obliga a replantear, con mayor rigor, la discusión sobre el papel de la inteligencia artificial (IA) en la educación. La pregunta ya no es si la IA es una amenaza o una oportunidad, sino qué tipo de sistemas educativos pueden aprovecharla sin profundizar sus fallas estructurales.
Los datos son contundentes. En el país, menos del 10 % de los estudiantes alcanza los niveles de competencia que permiten resolver problemas no rutinarios en Matemática y Lectura. Esta fragilidad cognitiva condiciona cualquier integración tecnológica: la IA no corrige déficits de base, los amplifica si se introduce sin estrategia. PISA 2025 advierte que el uso intensivo de herramientas digitales sin mediación docente se asocia con peores resultados, una señal de que la tecnología, por sí sola, no sustituye la interacción pedagógica ni el esfuerzo intelectual.
Sin embargo, la IA abre posibilidades inéditas. En la capa cognitiva, los algoritmos adaptativos permiten diagnósticos finos y trayectorias personalizadas; en la capa pedagógica, los modelos generativos facilitan retroalimentación inmediata y materiales ajustados al nivel del estudiante; en la capa institucional, la analítica masiva de datos puede orientar políticas y optimizar recursos.
PISA 2025 también muestra señales de oportunidad. Los estudiantes dominicanos de contextos vulnerables exhiben avances en Ciencias y mayor resiliencia académica. Esto sugiere que, con políticas de acceso equitativo, formación docente en IA y marcos éticos robustos, la tecnología podría convertirse en un acelerador de equidad.
El debate, entonces, debe desplazarse del terreno emocional al técnico. La IA no es una amenaza inevitable ni una panacea garantizada. Es una herramienta cuyo impacto depende de la arquitectura educativa que la recibe.
Si el país decide integrar la IA para fortalecer el razonamiento, la docencia y la gestión, puede transformar sus resultados; si la usa para reemplazar procesos humanos, corre el riesgo de profundizar sus brechas.
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