Amabilidad
Cada día más instituciones reconocen el profundo y perdurable impacto de la amabilidad como un activo intangible que estimula el progreso y el desarrollo nacional por un efecto social acumulativo de escoger la bondad como fundamento de la colaboración.
Desde el National Institute of Health (NIH) de Estados Unidos, autoridades médicas de la Unión Europea hasta las escuelas de negocios más acreditadas, es creciente la data científica de que ser amables y altruistas posee gran importancia socioeconómica.
Antes era más común su estudio en la filosofía, la religión o las ciencias sociales afines a las humanidades, más que la economía o la medicina. Creo de enorme trascendencia que científicos e investigadores sociales coincidan en que ejercer la bondad es mucho más que una virtud o atributo moral.
Es, en efecto, una palanca relevante en contextos institucionales, empresariales, profesionales, familiares y hasta políticos. Ser habitualmente amable mejora la salud, el bienestar psicológico, la productividad y la innovación, con efectos enriquecedores en los negocios y el PIB de las naciones. También fortalece la legalidad.
Es un rasgo de carácter muy valorado en líderes que, al modelar empatía, altruismo, respeto y ecuanimidad bajo presión, determinan un patrón cultural que puede emularse. Por todo esto, me alegra mucho felicitar al Banco Popular por su campaña institucional sobre la “economía de la bondad”, que muestra cuánto progresamos con actos de altruismo y amabilidad cotidianos.
Con sencillos gestos fortalecemos la confianza, construimos comunidades e impactamos más allá de lo económico. Nueva vez, en sus 62 años de liderazgo, el Popular indica el camino transformativo para mejorar nuestra nación mediante cambios en nosotros mismos. ¡Seamos más amables!
