Adiós Elvis (2-5)

Dilenia Cruz

Durante sus primeros años como hombre joven, Elvis se vio precisado a involucrarse en la loca carrera industrial de las zonas francas, labores que realizaba con otras actividades personales y familiares, pero jamás olvidó sus amigos de infancia y compañeros de estudios.

Fue un excelente mediador entre los compañeros con problemas, y siempre insistió en reunirnos, aun cuando nos habíamos dispersado enormemente.

Lo más interesante es que él provenía de una familia numerosa, talvez por eso se le hacía tan fácil convivir con todos.

Cuando Maritza, otra de las chicas con más altos niveles de camaradería del grupo, quien si bien se integró un año más tarde a la escuela, rápidamente supo asegurar su territorio dentro del conglomerado, me dijo: Elvis tiene cáncer, supe que sin más demora debía decir presente a mi amigo.

Otros compañeros también le visitaron en su morada, donde a pesar de estar convaleciente no perdió ni por un momento su altivez y su entusiasmo. Tal fue su decisión de seguir que una vez que se sintió mejor se reintegró a la vida productiva, diciéndole sí a la vida y sirviendo de ejemplo inquebrantable para sus hijos, a quienes amó, y con el apoyo incondicional de su esposa y su familia.

Un hombre que sabe darlo todo por sus seres amados, merece todo de ellos y la bendición de Dios, quien le regaló unos pocos años a un ser que tenia tantos sueños y anhelos para crear un mundo más justo, más equitativo.

Mi autoexilio de Santiago, nuestra ciudad natal, dificultó y dificulta la estrechez de las relaciones.

Sin embargo, talvez por esa misma distancia es que los que estamos lejos procuramos estar más cerca y pendientes, pero no pude estar cerca en esos últimos momentos de mi amigo, y para mi amiga.