Adanismo congresual

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

Nuestro honorable Congreso Nacional es un prodigioso portento adánico. Este poder del Estado o cuerpo colegiado posee una asombrosa coherencia interna: sobrepasa los límites de cualquier baja expectativa cívica o jurídica.

Senadores y diputados por igual son un asunto especial, primoroso dentro del ámbito político-partidista y extrañísimo dentro del concierto de legisladores de similares naciones democráticas que presumen de existir gracias a una Constitución, leyes y normas.

Para asegurar la candidatura bastan pocas prendas y no morales, sino principalmente la capacidad de agenciarse suficientes fondos para realizar una campaña más costosa que la suma de cuatro años de salario como servidor público en las cámaras Alta o Baja, da lo mismo. Una vez asegurado el maná electoral, el siguiente paso es conseguir que los jefes de algún partido decidan asignar o apoyar la selección del papeletudo aspirante.

Vale más demostrar que, sea con votos o con mañas, se puede garantizar al partido la curul deseada, que tener alguna idea de qué es el bien común o un plan de trabajo. Ni hablar de alguna consciencia del rol fiscalizador del Congreso ni de su control preventivo de la legalidad, oportunidad y conveniencia de las leyes y demás decisiones votadas. La puntualidad tampoco es necesaria.

La carga laboral es como los víveres en las árganas de los burros que se acomodan asigún se ande por el camino. ¿Cuántos de nuestros diputados y senadores podrían aprobar un examen para estudiantes de bachillerato acerca de la Constitución, la historia patria, las reglas básicas de la gramática o de simple aritmética por no hablar de matemáticas? ¿Cuántos habrán leído algo mínimo sobre Justiniano y Tiberio, Portalis, Sieyés y Carbonnier, Clay, Webster y Sherman o Alfonso X, Vitoria o Clara Campoamor? Los jefes, dueños y líderes de los partidos deben al pueblo mayor respeto al escoger a los candidatos a legisladores.

¿No les da vergüenza saber cómo viven superando lo insuperable en cuanto cutredad, ignorancia, desparpajo e incompetencia? ¡Ave María purísima! Si no fuera por Tatica…

Sobre el autor

José Báez Guerrero

Abogado, periodista y escritor dominicano.