Actualidad pesimista
Como sinónimo del río cuyas corrientes nos arrastran hacia la nada del infinito mar, estamos inmersos, la gran mayoría de los dominicanos, en esa desbocada corriente interminable.
Si estuviésemos en circunstancias diferentes a las actuales en la República Dominicana, sería yola primera fiel adepta del bien llamado “Último genio universal”, el gran filósofo alemán Leibniz, quien con un razonamiento idealista, nos dice que vivimos en “el mejor de los mundos posibles”. Es irrebatible el que nuestro mundo de esperanza” en lo moralmente bueno y todo lo científicamente bueno” debería adaptarse a esa teoría.
Resulta ser, sin embargo, que en estos momentos de gran desconcierto e incertidumbre que cubre los cielos de la geografía latinoamericana, habría que buscar respuestas adecuadas que abran el raciocinio de los actuales cerebros que nos arrastran a la negativa corriente pesimista que refuta dicho bienvenido “optimismo”.
En Francia, el gran Voltaire , a su vez, responde al “optimismo” de Leibniz, exponiendo que en toda la filosofía del ilustre alemán “no había nada útil que fuera original, ni nada original que no fuera absurdo y risible”.
Afortunadamente, consideré necesaria una reflexión en torno a las dos antagónicas posturas de estos ilustres filósofos, siempre en busca de una respuesta adecuada y respetuosa a las palabras pronunciadas por nuestro Ministro de Industria y Comercio, quien calificó de “pesimista” al muy reputado, realista y auténtico demócrata dominicano Franklin Báez Brugal, porque según argüía el Sr. Ministro “reconocemos que muchos de los temas que mencionó son temas pendientes pero a los cuales nosotros les estamos poniendo atención”.
Sin duda alguna, el Sr. Ministro debía arengar una esperada apología en respaldo a sus ideales e intereses. Pero es preciso señalar que el oficialista Sr. Ministro no debe conocer los verdaderos problemas del país, por un lado, y por el otro, es muy posible que no sufra el estado de abandono que padecen todas las clases sociales excluidas del coro terrenal, no celestial, que componen todos los compañeros favorecidos.
La democracia ha devenido en “politocracia”, desvirtuando esta última todos los dogmas y causas que la originaron en la Antigua Grecia, y cuyos creadores deben estar retorciéndose en sus últimas moradas terrenales para resucitar y tratar de resolver los entuertos provocados por los miembros de esa nueva facción responsable de las arbitrariedades y los egocentrismos y abusos e infundios e impunidad y desigualdades y caos…
Esta media isla, poblada por tantos fervorosos cristianos, está sencillamente agotada de “labrar en el desierto”, y exige ya que sean oídas las palabras del valiente y decoroso dominicano, Franklin Báez Brugal, quien con el sudor vertido por tres generaciones, no se ha “enriquecido de la noche a la mañana”.
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