A propósito de la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en la región, es pertinente felicitarnos como país por haber solucionado casi en su totalidad el problema del hambre, un insulto a la conciencia humana y una de las peores vergüenzas de la humanidad.
El reto ahora es hacer la sostenibilidad de la erradicación del hambre. La tendencia mundial en las últimas décadas era disminuir el número de personas hambrientas, pero los choques climáticos, las sequías y la violencia pueden ser un obstáculo para la concreción de la alimentación como un derecho real de todo ser humano del que el Estado es garante y protector ineludible.
La paradoja del progreso material es que mientras se planea llegar a Marte, millones de seres humanos todavía mueren de hambre. Las políticas agrícolas, la protección social y el impacto del desayuno escolar en el país han contribuido a erradicar ese abominable flagelo.
La sosteniblidad en el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 de Hambre Cero a 2030 es un reto para la República Dominicana teniendo en cuenta nuestra condición de país ubicado en la ruta de huracanes que se intensifican en cantidad y en impactos.
Los pequeños agricultores producen el 80 % de los alimentos disponibles. Del incentivo al desarrollo rural, de la producción sostenible y de la preservación los medios de vida de los campesinos dependerá la supervivencia de todos a nivel de seguridad alimentaria.
Seguir apostando por el campo, rescatar la ruralidad y todo su potencial a través de políticas diferenciadas siguen siendo una prioridad. Como plantea la FAO, promover y fortalecer la agricultura familiar y los sistemas alimentarios inclusivos con recursos productivos, servicios sociales, infraestructura básica, financiamiento y extensión es la gran oportunidad de América Latina para la concreción el ODS2. Ya sabemos que acabar con el hambre es posible pero no es un logro eterno. Hay que manterlo sin retroceso.
Ese sueño de hambre cero ha dejado de ser una utopía. Ya tenemos la tan anhelada generación Hambre Cero. Esta conquista hay que preservarla, recordando que no habrá paz sin seguridad alimentaria.