A través de sus ojos
Aunque parezca la más individual de las empresas humanas, el arte es, por su radical esencia libertaria y polisémica, reflejo del espíritu gregario, inventivo y de voluntad comunicacional del ser humano.
Lejos de cualquier absolutismo o dominio de lo uno y fijo, el arte persigue la apertura del pensamiento y de la vida hacia lo plural, innovador, cambiante y auténticamente creativo.
Instaura el lugar de las verdades y no de la verdad; significa el ámbito de hacer posible lo imposible y visible lo invisible, como procuraban Kandinsky y Klee.
El arte es revelación, desocultamiento, develizamiento de lo esencial en el ser humano y en lo que este asume como realidad, independientemente de la problematización que de la realidad misma implica su interacción con fenómenos como la ficción artística, la simulación o simulacro (Baudrillard), o esto que la posmodernidad nos ha legado como realidad virtual.
La búsqueda de la entidad artística está íntimamente vinculada a la aspiración del hombre a despojar el velo, la malla de todo aquello que la historia de opresión, dominio económico y sociopolítico, control corporal e ideológico, imposición de creencias y opiniones como verdades irrefutables, entre ellas la idea de progreso y de los avances tecnológicos, ha reposado sobre la evolución de la historia y las transformaciones de la cultura y la vida de las personas.
Al referirse al origen de la obra de arte y el proceso creativo, Martin Heidegger subraya la belleza -una de las posibilidades de asumir lo estético; lo abominable constituye otra- como una de las vías en las que la verdad tiene lugar de una manera descubierta, sin velo alguno.
Afirma que el arte “abre un espacio, en cuya apertura todo es diferente de lo habitual”.
Ver con asombro donde los demás ven con costumbre es, desde Platón a Borges, una de las más eficaces y hermosas formas de sentir y entender, además de explicar, la obra de arte y el ámbito de lo estético.
El asombro conjuga lo fantástico del arte con la voluntad humana de conocer, descubrir, comunicar y crear.
La fotografía constituye, desde mi modesta óptica, el puente estético que expresa el tránsito de la modernidad a la posmodernidad. Esto así, por cuanto esta, desde la naturaleza específica de su lenguaje técnico y estético, nace de la libertad de la vida, antes que del condicionamiento académico y los códigos preceptivos propios de los lenguajes plásticos precedentes.
La fotografía convierte en luz, en entidad descubierta, lo oculto que hay en el instante, tantas veces imperceptible o inatrapable, de la vida cotidiana y de los constantes y veloces cambios en la cultura y la sociedad del mundo actual.
Es tan democrático y plural, que permite igual acceso al rico y al pobre, al diestro y al aprendiz, al artista y al ciudadano de a pie.
Los prodigios de Instagram son una muestra. Sin embargo, el dominio del lenguaje fotográfico es tan exigente como el que más en cualquiera de las manifestaciones de las artes visuales.
En ese excepcional dominio es donde se instala el galardonado fotógrafo artístico Herminio Alberti León, con su nueva obra “A través de mis ojos” (2014), donde figuro, para mi honra y por mor de su espíritu solidario, como invitado especial, con la difícil misión de expresar en palabras, sin que esta vez hayamos compartido los materiales, lo que a través de sus ojos la vida, la naturaleza, la cultura y el quehacer social de hombres y mujeres de nuestro país han dejado entrever; le han permitido al artista desocultar.
Enhorabuena, demiurgo de la luz y amigo.
