A propósito del Papa
La enfermedad del papa a Francisco, además de invitarnos a orar por su salud, nos lleva a reflexionar sobre su vida y sus aportes a la humanidad y al pueblo cristiano.
De él aprendemos el valor de la humildad en esferas de poder, la comprensión de la diversidad, la defensa de los migrantes, el cuidado del medio ambiente y la promoción de la esperanza
- Ser humildes
Francisco nos enseña que el poder ejercido en cualquier cargo es un servicio y no una oportunidad para aprovecharse de privilegios asociados. Renunciando a símbolos del estatus propios del cargo, por ejemplo, prefirió la asignación de un vehículo Fiat en vez del Mercedes asignado a la investidura, demostrando que la verdadera insignia del cristiano es la humildad. - Comprensión de la diversidad
Pese a las críticas de los ultraconservadores de la Iglesia católica, el papa Francisco ha optado por la comprensión de la diversidad. En tal sentido, se hizo famosa su frase: “¿Quién soy yo para juzgar?”, refiriéndose a las personas con orientación homosexual, rechazando la discriminación contra ellas por esa condición. - La defensa de los migrantes
En reiteradas intervenciones el Papa Francisco ha insistido en la defensa de los derechos del migrante recordando que “debe ser acogido, acompañado, promovido e integrado” al tiempo que recuerda “las injusticias y la violencia por las que pasan tantos de nuestros hermanos y hermanas, arrancados de sus hogares, son a menudo tan inhumanas que pueden arrastrar incluso a los más fuertes a las tinieblas del abatimiento o la sombría resignación”. - El cuidado del medio ambiente
Es paradigmática la Encíclica Laudato si, en la que Francisco exhorta al cuidado de la casa común, llamando a la acción a los líderes en pro de un cambio climático, la reducción de la contaminación, la transición a energías limpias y la solidaridad con los más pobres y vulnerables. - La esperanza
Uno de los signos del papado de Francisco es la promoción de la esperanza, lo que tienen su mayor hito en la declaración del Jubileo 2025 bajo el lema “La esperanza no defrauda”, contexto en el cual el papa nos invita a ser peregrinos de la esperanza y a ver al Señor «que ha nacido por nosotros, con el corazón ligero y despierto, dispuesto al encuentro, para ser capaces de llevar la esperanza a las situaciones de nuestra vida».
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