A propósito de la Navidad
E n estos días en que contagiados todos por la alegría de encontrarnos con familiares y amigos que no vemos hace tiempo, por un poco más de libertad económica a causa del doble sueldo o los bonos de algunas empresas, por la brisa fresca que nos envuelve sobre todo a la mañana y la noche y por otras cosas más, nos sentimos más acelerados que siempre.
Las calles abarrotadas de vehículos, las tiendas y supermercados llenos de personas, las instituciones bancarias con largas filas.
Y nosotros, los humanos generalmente molestos porque tenemos que esperar, lo que nos convierte en intolerantes e incapaces de aceptar la situación, a más del temor de ser robados o asaltados que provoca nervios, ansiedad, angustia y hasta desesperación.
Es mi creencia que lo que más tememos es lo que más atraemos, mientras más nos desesperamos mayor es nuestra angustia y de todos modos no resolvemos algo y tenemos que esperar el tiempo correspondiente para cada actividad.
Este es un tiempo de paz, amor, nostalgia para algunos, confraternidad y comprensión.
Maravilloso, si agregáramos compasión.
Hagamos el ejercicio de ser amables con los demás, controlemos nuestros impulsos de protestar por las filas y los inconvenientes, seamos tolerantes, liberaremos los miedos y temores de ser asaltados o robados sin querer decir que se descuide y no esté alerta, respetemos a los demás, brindemos sonrisas sin importar a quién, valoremos a las personas y compartamos algo material con quién tenga menos que nosotros.
