Santo Domingo.- Doña Tita, como todas las mañanas, salió a buscar leña para atizar su fogón y así tostar el café que le levanta el ánimo.
Ni en sus más oscuras pesadillas imaginó que a sus ochenta años, su vida tranquila y aparentemente segura, se vería afectada por el asalto de cinco depredadores sexuales.
Desnuda, golpeada y temblando, así la encontró su hija al lado de su ranchito: -¡Mamá!, ¡mamá! ¡Qué te pasó! -gritaba su primogénita, mientras una gran impotencia quemaba cada gota de sangre.
Doña Tita falleció por un desgarro perineal…
El protagonismo de mi siguiente historia lo podría tener tu pequeña hija de dos años, tu abuelita que está en cama, tu esposa que sale al trabajo todos los días, tu hermana que va a la universidad, tu bebé recién nacido o tu niño que practica deporte. La violencia sexual no hace excepción de personas.
¡Jamás normalicemos conductas sexuales que vulneren la dignidad de los demás!
Sigamos mostrando rechazo, asombro y horror ante estas situaciones y tomemos medidas para evitar que estos psicópatas sigan teniendo acceso a las personas más vulnerables.
¿Qué le está pasando a la República Dominicana y el mundo? ¿Acaso ser mujer se ha convertido en una amenaza?
Nos matan, nos golpean y nos violan, ¿qué más debemos esperar? ¿Qué está pasando por la cabeza de nuestros hombres? Criticamos ciertas religiones y culturas, sin embargo, en la práctica, la única diferencia es el largo de la tela.
Vivimos en un mundo violento, que está bajo presión y estrés permanente y las más afectadas somos las mujeres, porque nos matan y nos violan en nuestras propias casas. Todavía estamos a tiempo, nos podemos unir para combatir la violencia de género.
Le hago un llamado a las comunidades, a la Iglesia, a los empresarios, al sistema educativo y los políticos a trabajar en conjunto, a trazar políticas transversales donde se recuperen los valores familiares, porque las sociedades violentas están destinadas a su autodestrucción.
Diseñemos programas de ocio, recuperemos los espacios públicos, esos que nos ha robado la delincuencia, para que las personas disfruten libremente.
Hagamos el compromiso de proteger la institución más sólida e importante de la humanidad y es la familia. ¡Jamás habrá familias sanas si no cuidamos la salud mental y física de las mujeres que las sostienen!
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