Rusia se ha movido con cautela, haciendo retoques a la política económica y eludiendo a la vez las exigencias de una reforma más amplia.
Con las finanzas públicas presionadas por los precios del petróleo en baja, el banco central pasó a tener un tipo de cambio flotante en 2014, en tanto el Ministerio de Finanzas mantuvo un fuerte control sobre el gasto.
El gobierno también reinició privatizaciones este mes con la mayor desinversión en un activo estatal en casi tres años.
“Siempre que los precios del petróleo estuvieron bajos, el gobierno tendió a reformar”, dijo Vladimir Osakovkiy, economista jefe para Rusia en Bank of America Corp. en Moscú.
“Con los precios del petróleo por debajo de los mínimos de 2004, pensamos que la perspectiva histórica podría favorecer un cambio hacia una política más progresista”.