Día por Día

Haré hoy una excepción a mi auto-impuesta censura sobre temas eléctricos, por mi vínculo de larga data con el sector, primero con el privado y en los últimos años el estatal. Resulta que vengo leyendo cómo se critica –con buen fundamento— la idea de financiar la terminación de las plantas de carbón de Punta Catalina con fondos de la seguridad social.

Dichos fondos merecen invertirse sanamente en cualquier proyecto rentable y confiable que ofrezca garantías para sus propietarios, los empleados dominicanos que esperan su pensión. Y el problema financiero de Catalina no es propio, sino que sus clientes naturales, las empresas distribuidoras, no son buenos sujetos de crédito.

Si a quienes les venderá su energía son malos pagadores, ningún inversionista o banco serio querrá asumir el riesgo de prestarle. ¿Por qué entonces arriesgar los fondos de pensiones? El asunto es remediar la operación y finanzas de las distribuidoras.

El país cuenta con buenos ejemplos de eficiencia privada en la comercialización de electricidad. ¿Tenemos que amenazar las pensiones o reinventar la rueda?