Bloomberg.-Para refrenar a países desde Corea del Norte hasta Sudán, los poderes mundiales depositan su confianza en las sanciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que apuntan a forzar a gobiernos intransigentes a abandonar sus programas armamentistas, detener los ataques a sus civiles o respetar los resultados de las elecciones.
Estas sanciones suelen fallar.
En marzo, el Consejo de Seguridad compuesto por 15 miembros votó a favor de endurecer las sanciones económicas en contra de Corea del Norte, país que actualmente representa uno de los regímenes más aislados del mundo, a causa de un lanzamiento de misiles y pruebas nucleares que violaron resoluciones previas de la ONU.
Pyongyang respondió con más lanzamientos, incluyendo una detonación desde un submarino el sábado. Pocos analistas esperan que el líder Kim Jong-un, quien ha tolerado el hambre generalizada y la desnutrición entre su pueblo, abandone su programa armamentista antes de alcanzar la tecnología necesaria para lanzar armas nucleares al territorio continental de Estados Unidos.
Y aunque la presión de las sanciones económicas es reconocida por haber ayudado a negociar un acuerdo nuclear con Irán, tal resultado tardó casi una década en realizarse.
La mayoría de los ejemplos son menos positivos.