Manejo vehicular e impunidad



Por la inaceptable forma de manejo vehicular que se lleva a cabo en el país hemos alcanzado la nada deseable primacía en el número de muertes por “accidentes” de tránsito. Respecto al recién transcurrido feriado de Navidad y Año Nuevo, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) ha informado la ocurrencia de 31 fallecimientos y de 1,372 lesionados en ese corto lapso de tiempo.

Los “accidentes” de tránsito, que son una cuestión que en República Dominicana ha implicado la muerte de unas 20,000 personas en una década, son un serio problema de seguridad pública que estamos obligados a enfrentar eficazmente.

Si no se logra la modificación de conductas, tales como conducir de manera distraída y acelerando más allá de los límites establecidos, este mal aumentará con el considerable incremento que día por día tiene el parque vehicular en el país. Nuestra forma de manejar está estrechamente relacionada con nuestros niveles de educación.

En ella no se manifiesta la cortesía ni frente a otros conductores ni ante los peatones. En la mayoría de los casos el que conduce cree que solo él tiene prisa.

Pero la manera de conducir, violadora de las normas, no siempre se vincula a niveles de escolaridad, pues muchos que poseen suficiente escolaridad también manejan irresponsable y temerariamente. En muchos casos el peso de la cultura machista juega un papel.

Para numerosos de los que manejan no es posible admitir que otro chofer “se le vaya adelante” o “muestre mayor sagacidad al volante.”

El sentimiento machista opera como un factor que incentiva la sensación de poder en la posesión del guía.

La problemática del caos en el tránsito vehicular en el país, y sobre todo en Santo Domingo, amerita de numerosas acciones de educación vial, señalización, alumbrado, de distribución de horarios, etc., pero no cabe duda de que tal y como lo sostuvo el ya fenecido Ing. Hamlet Hermann, primer director de la Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet) al momento de asumir dicha función (recogiéndolo en un texto posteriormente):

“Ante todas las cosas el incumplimiento de la ley estaba íntimamente vinculado a la impunidad, y esto era lógico: donde no hay sanción la reincidencia del delito está garantizada” (“Para vencer el caos”, 2001).

El problema del desorden vial, como casi todos nuestros problemas sociales, es multicausal, pero no cabe duda que educando y aplicando un régimen de consecuencia se podrá superar esta lamentable expresión de atraso social.

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