La Constitución y el porvenir



Con ocasión del 173 aniversario de la primera Constitución dominicana, han sido numerosas las felicitaciones y remembranzas, y diversos los análisis del origen de nuestro ordenamiento constitucional.

La mayor parte de los comentarios han girado en torno a sobre dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí.

Una forma de ver nuestro sistema que entiendo necesaria, pero limitada.

Es frecuente en los sistemas constitucionales en consolidación que se mitologicen la Constitución y la importancia de su papel como referencia democrática.

Es lo que ocurrió en los Estados Unidos en su albor del siglo XVIII y en España a partir de 1978. Es también lo que ha empezado a ocurrir en nuestro país a partir de la reforma de 2010.

Ver la Constitución como algo permanente o como referencia de un pasado mejor crea importantes obstáculos a su capacidad para operar como herramienta para la convivencia colectiva en el presente y, sobre todo, de cara al porvenir.

Y esto es un problema serio, porque las sociedades están obligadas a resolver sus conflictos actuales mirando hacia el efecto futuro de sus acciones.

La sacralización del texto constitucional olvida que lo importante son las necesidades de la sociedad y la forma en que esta decide enfrentarlas.

Los conflictos causados por la resistencia a tocar el texto constitucional han sido severos en casi todos los ordenamientos en que ocurre.

Esto llevó a la guerra civil estadounidense y a la actual crisis española. No es que la reforma de la Constitución sea una panacea infalible, pero negarse a ella en todos los casos es la receta para el fracaso seguro a largo plazo.

Es necesario, además, poder distinguir entre el texto de la Constitución y el sistema constitucional.

El primero es sólo una de las partes del segundo. Si las necesidades de una sociedad cambian, asimismo deben cambiar las soluciones a los problemas.

En el mismo sentido, es importante mirar el pasado, porque permite saber en qué dirección viajamos. Mas no puede ser una camisa de fuerza ni una piedra de molino atada al cuello.

Tenemos que ver nuestro sistema constitucional y nuestra democracia en clave de porvenir, porque, después de todo, es en él donde viviremos.

Publicidad

Publicidad