Freddy Ginebra: “Todos los días hay un motivo para ser feliz”

Todo el tiempo ha estado envuelto en la cultura

Freddy Ginebra entiende que los sueños se han perdido, pero asegura que no es cosa de un país, sino de que el mundo ha cambiado.
Freddy Ginebra entiende que los sueños se han perdido, pero asegura que no es cosa de un país, sino de que el mundo ha cambiado.


Santo Domingo.-Freddy Genebra, el llamado duende de la calle Arzobispo Meriño y gran propulsor del arte dominicano, se la ha ingeniado para sacarle la vuelta a la vida y vivir en un estado constante de felicidad.

Dice que fue criado para salir a la calle y sonreír, un niño amado al que sus padres formaron con la gentileza de tener presente que en la vida es mejor dar que recibir .

Y es que el comunicador y publicista ha sabido esquivar las malas vibras que a veces trae la vida y tomar una actitud para encontrarle balance a este mundo desajustado que parece en ocasiones que va a colapsar.

Nació en 1944, en un hogar donde el amor y el respeto era lo que predominaba.

Desde pequeño mostró amor por la cultura, estudió en el colegio La Salle y a los 17 años ya era profesor de ese centro.

En la televisión

Creó un programa de televisión a los 19 años y se tituló de abogado, porque eso era lo que su padre quería para él, pero aun así su progenitor, tímidamente, lo dejaba ir abriendo sus espacios culturales y caminando hacia ese mundo que hoy día es su fuente de felicidad.

Freddy Ginebra ha experimentado todo tipo de situaciones en la vida, en la que hay una historia bonita que hoy, al contarla para Coloquios EL DÍA, llegan momentos en que sus ojos verdes se humedecen.

El escritor y poeta tiene una respuesta positiva para todo; desde muy joven decidió que a la vida se le busca la vuelta para ser feliz.

Ensaya diariamente una sonrisa para salir a la calle, y mientras no la ve dibujada en su rostro no abre la puerta de su casa para echar andar el mundo.

Su cultura de paz, consejero y de hombre dichoso viene desde aquellos días cuando estudiaba en el colegio La Salle.

La Salle para él

“Este centro de estudios no solo me marcó a mí, sino a otros que tuvimos la oportunidad de estudiar allí.

Entré a La Salle en el año 1950, mi papa me llevó el primer día vestido de vaquero, yo fui de los que inauguró ese colegio, y para mí fue muy importante crecer con esos maestros, los trabajadores y los alumnos, todos formábamos una gran familia”, expresó el propulsor de una generación de artistas que han sobresalido por las oportunidades que les ha brindado.

Se toma con sentido del humor cada situación, la realidad lo obliga a tomar siempre una actitud favorable, por lo que dice que aunque se esté muriendo de un dolor siempre encuentra la manera de ver el lado positivo.

“La gente siempre busca el lado negativo, y por más cosas lindas que haya en la historia de su vida ellos se van a lo peor.

Cuando yo siento que me apago, me digo que tengo cuatro hermosos nietos y una mujer que con 50 años de casados sigue siendo una maravilla verla levantarse”.

Siempre busca una sonrisa

“Hago ejercicio de alegría todas las mañanas en casa y hasta que no encuentro la sonrisa no salgo a la calle; la sonrisa se encuentra adentro, todo el mundo tiene un motivo para ser feliz, pero la gente se aferra a la desgracia”, dice.

La gente lo busca como consulta, le preguntan hasta por el precio de las boletas en del Teatro Nacional, pero sirve con gusto, porque entiende que es mejor dar que recibir, algo que disfruta, porque se llena de energía cuando sabe que ha colaborado en la felicidad de alguien.

No le agrada.

Durante toda su vida ha intentado mantenerse lejos de la política partidista y nunca se ha inmiscuido en esta de ninguna forma.

En pánico.

El día en que le dijeron que lo condecorarían con la Cruz de la Orden de Isabel la Católica, pensó que se estaba muriendo.

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