Domingo, 19 de agosto, 2018 | 7:44 am

El cambio inicia en cada uno de nosotros



El respeto es algo que todos quieren y pocos dan. Al igual que la educación, este constituye un notable pilar en el bienestar humano y en el progreso de los pueblos.

Sin embargo, esto no es una materia para aprender en la escuela, es una asignatura que se vive en el hogar y que se fortalece y afianza por decisión personal a lo largo de nuestra vida. Cuestión de conciencia.

Todos somos seres emocionales y relacionales, por lo tanto, se espera que estemos conscientes de que podemos afectar a otros a través de la palabra, del gesto o de la acción; sin embargo, parece que no es así… y, en este caso, para muchos la ley del bumerán no aplica, pues queremos que nos respeten, pero no devolvemos con la misma moneda.

Es imprescindible recordar la importancia que tiene el respeto como un valor que debe habitar en todos los lugares donde nos desenvolvemos, pero más que en un espacio físico, debe habitar en nosotros, en nuestro accionar, en la forma que tratamos a los demás; en fin, debe correr por nuestras venas y si no es así tenemos la obligación de aprender e ir desarrollándolo para ser mejores personas.

Un comportamiento regido por cánones respetuosos facilita las relaciones, la participación constructiva, la integración, la dinámica de dar y recibir, el aprendizaje y la enseñanza. Recordemos que hay que educarse y educar en el respeto.

Con el ejemplo, hay que impulsar el trato respetuoso, brindarlo sin importar edad, sexo, estatus social, económico o por oficio.

Abundan las personas quienes como respuesta acostumbrada tienen una actitud desconsiderada y es ahí donde debemos detenernos, tomarnos unos minutos, evaluarnos y descubrir qué tanto, en nuestro día a día, les faltamos a los demás y qué tanto respondemos a la falta de los demás con agresión.

Debemos detener el virus de la agresividad y multiplicar la amabilidad. Solo así daremos lecciones de vida a quienes nos rodean. Recuerda que el cambio inicia en cada uno de nosotros.

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