Jueves, 15 de noviembre, 2018 | 12:24 am

Crear fraternidad



Todos somos hermanos porque tenemos el mismo origen divino y una condición racional que nos hermana e iguala a partir de una esencia común: la humanidad.

Crear fraternidad en la familia y en la sociedad fortalece la paz si construimos puentes, tratamos a los otros como iguales y cuidamos nuestra herencia fraterna.

1. Construir puentes, no muros:

Podemos superar las diferencias personales y sociales a partir del perdón y la comprensión que implica aceptar al otro desde su individualidad y sus limitaciones, lo que nos lleva a construir puentes, no muros.

El Papa Francisco nos invita a hacerlo: “En el contexto social y en el civil, apelo a no crear muros sino a construir puentes. No respondan a la maldad con maldad. Derroten a la maldad con el bien, a la ofensa con el perdón”.

2. Tratar a los otros como iguales, como hermanos:
Nadie es superior a nadie. La humanidad que compartimos nos recuerda que los rangos, la condición, el origen social o la posición son circunstancias de la vida que perecen y a veces dividen a las personas. El trato igual implica practicar la cortesía y la amabilidad y la bondad como expresión de fraternidad.

El trato igual, además de un valor evangélico, es un derecho inspirado en la igualdad que se asocia a la fraternidad como principio generador de cambios y transformaciones sociales basadas en la superación de la esclavitud, la servidumbre y el tutelaje.

La fraternidad evangélica es un reto. Si queremos obtener los méritos auténticos que trascienden lo humano, vivamos en actitud de siervos de los demás haciéndoles el bien: “el que quiera ser el primero, que sea servidor de todos” (Marcos 10:44).

3. Cuidar la herencia fraterna:

Como hermanos tenemos una herencia común que debemos cuidar: la familia, la tierra y la fe. La familia es el primer espacio fraterno. La tierra es el lugar de la gran familia humana.

La fe es la esperanza de los hijos de Dios.
Familia, tierra y fe son nuestros grandes tesoros. Unidos en fraternidad, hoy más que debemos cuidarlos de las amenazas de muerte que se ciernen sobre ellos.

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