Comamos menos, hagamos más



En uno de sus ensayos se preguntaba Aldous Huxley, en el primer tercio del siglo pasado, cómo se las arreglaría la humanidad para dotarse de alimentos si llegaba a duplicarse la población mundial, que por aquellos días se estimaba en unos 2 mil millones de habitantes.

Después de aquel escrito estallaría la segunda parte de la Gran Guerra iniciada en 1914, de la que conocemos tres episodios destacados: Primera y Segunda guerras mundiales y Guerra Fría (todo entre 1914 y 1991).

Los dos primeros cargaron a Europa de odio, miseria, cadáveres y desolación; el tercero, de sobresaltos y ductos para la canalización de paranoias propias de los conflictos armados.

Haber vivido la conflagración, la amenaza permanente después de los armisticios, provocaron pesimismo y cautela en la inteligencia mundial.

A mediados de los años 70 El escribidor conoció literatura futurista con predicciones sobre la producción masiva de alimento artificial para el abasto de grandes ciudades y acaso de la ecumenópolis prevista por el griego Constantino Doxiadis, que al final de los años 60 tenía la visión de la unión de los grandes centros urbanos (megalópolis) en una ecumenópolis. Así denominó al fenómeno social y urbano de su profecía.

Hoy las redes sociales sientan pilares para un sistema importante del control desde centros de mando que acaso propicien un gobierno mundial multipolar, pero coordinado, cuando se cumpla la profecía del arquitecto griego.

Huxley tenía bases para el pesimismo. Hoy, sin embargo, la cifra de la población mundial es más de tres veces la que, a mediados de los años 30, provocaba reflexiones del escritor inglés radicado en Estados Unidos.

Y contamos, por cierto, con bastante alimento; pero se pierde en una cifra pavorosa. La FAO estima la pérdida y el desperdicio anual en mil 300 millones de toneladas. Como para llorar si se sabe que en enormes áreas geográficas se sufre hambre hasta la muerte.

En el libro “Crecimiento económico”, David N. Weill muestra un cuadro interesante sobre la carga poblacional que podría soportar el planeta.

El escribidor ha visto (pág. 136, 2006, Pearson Educación, S.A.) hipótesis sobre 11 mil, 13 mil, 40 mil millones, hasta un billón de personas.

El autor, en cambio, considera irrelevante hacer estas previsiones. Particularmente porque no se debe prever al margen de la tecnología.

El impacto medioambiental de la producción de alimentos no es, sin embargo, algo simple como para desestimarlo. Alguien pudiera decir, en este caso: el fin justifica los medios.

Pero no; una vez puestos en marcha, los procedimientos de producción, las tecnologías implicadas y los estilos de vida que sustentan se convierten en quebraderos de cabeza; difícil detenerlos.

El así bautizado cambio climático muestra lo relevante de actuar tomando en cuenta el sistema.

Si hoy día la obesidad es un problema de la clase media urbana, el estilo de vida y la ingesta desmedida deben ser corregidos.
Comamos menos; hagamos más.

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