Apostilla a Constancio Bernaldo de Quirós



El 27 de julio de este año se cumplieron 70 aniversarios de la partida del maestro don Constancio Bernaldo de Quirós y Pérez hacia México y 58 años de su muerte, un 11 de agosto de 1959, lugar que lo acogió y lo llenó de gloria.

Él es precursor genuino de la Criminología de la República Dominicana.

Marchó allí a enseñar y a institucionalizar la Criminología y Derecho Penal, dos ciencias a las que dio cada aliento, mostró estilo personal y profundo sentido.

Arribó a nuestro país en 1939, como asilado económico y le tocó vivir los duros años de la dictadura de Trujillo.

Nos legó algunas obras de importancia capital que sellaron el origen y la ulterior evolución del ejercicio del Derecho Penal. Aquí publicó las “Lecciones de legislación penal comparada”, y luego las complementó con su “Cursillo de Criminología y Derecho Penal”, que fueron sus primeras obras después del destierro de su patria. Como él mismo dice en el prólogo:

“Los años que nos restan, queremos aprovecharlos aquí estudiando criminología americana, como antes estudié y enseñé la de España. Me siento obligado a ello, percibo en mi fuero interno el deseo, la prisa de comenzar, tanto por el honor debido a las ciencia que profesé los años de mi vida, ya no poco dilatados, cuanto por el deber de gratitud a la tierra generosa que al fin, tras un año cruel de total desarraigamiento, me brinda, igual que a otros compatriotas desterrados, el nuevo ambiente cálido y luminoso en que poder reorganizar una existencia todavía esperanzada”.

Nacido y formado en España en el año de 1873, estudió Sociología y Derecho en la Universidad Central de Madrid, graduándose a muy temprana edad: a los veinte años.

Se ha distinguido por su fama mayormente como criminalista (uno de los más insignes de Europa y América Latina), además de ser un brillante penalista y educador consagrado.

Su cultura era enorme, un verdadero hombre-libro; irrumpió en las ciencias penales y en la Criminología desde muy temprana edad.

Además de sus “Nuevas teorías de la criminalidad” (1898), con sólo veinticinco años de edad, la copiosa obra legada por este maestro es muy vasta: desde temas de política agraria española: “Los derechos sociales de los campesinos”; temas de historia natural: “La mala vida en Madrid”; de las ciencias penales: “Tratado general de Derecho Penal”, “Vocabulario de antropología criminal”, hasta escritos importantes de Criminología y Antropología Social, entre otras muchas producciones; hoy día, de valor considerables.

Ha realizado, también, traducciones, prólogos y epílogos de grandes pensadores como Nicéforo, Lombroso y Jiménez de Asúa, todos muy notables. Ha sido, entre nosotros, el primer catedrático de Criminología, y por lo mismo el auténtico precursor de la Criminología en nuestro país.

Enseñó por espacio de un lustro en la meritísima Universidad de Santo Domingo; su presencia en la República Dominicana, en el año de 1940, marcó un hito en el naciente Derecho Penal dominicano.

Profesor distinguido de la Universidad de Santo Domingo, desde 1940 hasta 1947; nos legó dos importantes obras para la formación de abogados: “Cursillo de Criminología y Derecho Penal” (1940), y “Legislación penal comparada” (1944).

Asistió como invitado de honor, y único participante extranjero, al Primer Congreso de Procuradores Generales celebrado en Ciudad Trujillo, su asistencia dio como fruto el maravilloso documento titulado “Criminología dominicana”.

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