Una palanca a la esperanza

Una palanca a la esperanza

Una palanca a la esperanza

Patricia Arache

En el año 2019, las tristes y deprimentes estadísticas revelaban que República Dominicana ocupaba el lugar 146 de 148 países con baja calidad de educación.

Ocurría antes de la pandemia del Covid-19, que azotó al mundo en forma inmisericorde y que en el país desnudó amargas realidades socio-económicas que afectan a un número de la población, mucho más elevado de lo que siempre se había supuesto o imaginado.

Diez años después de contar con un presupuesto equivalente al 4% del producto interno bruto (PIB), en pleno siglo XXI, el sistema educativo de República Dominicana ocupa los últimos lugares en todas las mediciones de calidad y funcionabilidad, tanto nacionales como internacionales.

El resultado que se registra en educación no deja lugar a dudas respecto a que no basta asignar recursos y que se requiere de una correcta planificación, de metas alcanzables y de un manejo administrativo pulcro, eficiente y transparente, inspirado en principios éticos y de compromiso moral.

Todo esto, y mucho más, ha faltado.
Molesta, indigna, irrita, avergüenza y deprime el resultado del análisis hecho por la entidad World Vision de República Dominicana sobre las habilidades de lectura en alumnos de tercer grado:

“Solo el 28.57 % de los estudiantes dominicanos lee y comprende un texto simple, de acuerdo al análisis del indicador de la estrategia nacional de educación, realizado entre mayo y junio del presente año 2022, en 41 escuelas de Montecristi, Dajabón, El Seibo, Haina y Los Alcarrizos, entre 637 estudiantes, en edades de entre 8 y 9 años de edad”.

Nótese que las escuelas tomadas como referencia están ubicadas en comunidades, en las que los niveles de pobreza hablan de la falta de oportunidades que han tenido sus habitantes, los cuales no habían sentido, hasta ahora, la más mínima intención de atención, a pesar de que gobiernos van y gobiernos vienen.

¡Ay, la gente de mi pueblo, tristes desheredados de la fortuna y de la esperanza!
La forma en la que ha sido manejado el presupuesto de la cartera educativa “horripila y mete miedo, de verdad”, como dice la canción de El ratoncito Miguel.

El propio ministro de Educación, Ángel Hernández, se ha encargado de desnudar el desastre histórico y asegura que todavía al día de hoy el 82% de los fondos asignados están destinados al pago de sueldos a maestros y empleados. ¡Cosa más grande en la vida, chico!

De esa manera, no iremos lejos, porque es obvio que con esa distribución de recursos no queda nada, absolutamente nada, para la calidad, entonces, seguiremos teniendo una educación pública en la que los niños de tercer grado carecen de conciencia fonémica, fonética, fluidez, vocabulario y comprensión lectora, que fueron los cinco indicadores analizados en el estudio.

Y, por supuesto, el daño, que raya en lo criminal, no se detiene en ese nivel de inicial. Al contrario, se extiende y reproduce por todos los siguientes hasta llegar al superior.

Muchos son los retos y grandes, muy grandes, los desafíos que tiene el sistema educativo, para alcanzar el punto de partida hacia el desarrollo con propósito y calidad, que lo hagan competitivo, para lo cual debe dar el salto y salir de la angustiosa lista de países con una población de iletrados y de analfabetos funcionales.

¡Ha llegado la hora! Este tiempo es oportuno para crear una palanca a la esperanza ¡Vamos a hacerlo, por Dios, antes de que sea demasiado tarde!