Porque… Estamos acostumbrados a ver las apariencias como si fuesen realidades.
Se dice que el engaño es temporal, que la traición es instantánea y que sus consecuencias son devastadoras y prolongadas. Por esa combinación de cosas que se producen en la vida, al final, solo los resultados cuentan, aunque desde un principio los hechos nos hacen vislumbrar cuál será el final.
En cuanto a lo que acontece en nuestro país, nos atrevemos a decir sin mucha osadía que, despojos, solo despojos quedarán después del primer trimestre de este año. Despojos de nación, país y sobre todo, despojos de gente.
La nueva profesión del engaño, el abuso, desuso e inobservancia de las restricciones y libertades que confiere la democracia para conducir un país hacia el porvenir, ha sido el camino trillado, el sendero peligroso por el cual tendremos que transitar con extrema precaución y seguridad, si en verdad pretendemos continuar existiendo como personas, país o nación.
La bajeza se ha transformado en la reina que domina nuestra existencia. Ha prohijado dioses protectores de la desvergüenza, llegando a tal grado de descaro, que éstos ya perdieron la categoría para ser llamados verdaderos y reales enemigos como hombres y mujeres que se suponen que sean y, como mucho, por su bajezas e indelicadezas, al más alto indicativo al que pueden aspirar para ser identificados, es a enemigos morales públicos.
Son lo más parecido a un colmadón o antro de mala muerte. Mucho ruido y estruendo con poca o ninguna calidad musical. Así de igual manera tratan de destruir honras, manipulando descaradamente hechos y, si es en contra de mujeres, ejerciendo descaradas acciones que van más allá de una mal disimulada violación moral.
Ruidos, muchos ruidos, sin sustancia alguna, porque esto último se lo han repartido como propiedad privada, como la finca que le dejó en herencia su padre, al cual deshonran con cada acción que llevan a cabo, con cada engaño que ejecutan día tras día.
¿Que van a licitar qué? ¿Que van a seleccionar, qué? No relaje, ombe, si todo el mundo conoce, desde antes, quienes serán los beneficiados, quienes los elegidos y sobre todo, a donde quienes va dirigido el beneficio marginal.
Descaradamente legal, pero vergonzosamente antiético; soberanamente entendible, pero democráticamente abusivo; justicieramente dignos algunos, pero indelicadamente electos. Todo como parte de un circo sin gracia ni gusto y mucho menos imaginación, porque los resultados, se conocían desde el inicio del show. Esto para mí, definitivamente, en vez de país, parece una asociación privada, heredada y mantenida a base de ruidos y engaños.
Lamentablemente nos quieren acostumbrar a creer que en verdad, este país es un pueblo de miseria en todos los sentidos, un pueblo de pedigüeños y pordioseros con mentalidad de dádiva. Por eso las vergonzosas cajitas, por eso el querer dar de cualquier funcionario de undécima categoría, ya sea político, militar o policial. Por eso las famosas acciones cívicas llevadas a cabo principalmente por políticos en épocas de campaña, así como por militares y policías para buscárselas como leones, haciéndose por demás, los buenos de la mala película.
Mentes de pordioseros que explotan al extremo los sagaces políticos, mientras el clientelismo crece y la plaga de la mentalidad de pordiosero se expande. Piden los canillitas como algo obligado por llevar o vender el periódico que les compran. Piden los que recogen la basura muy a pesar de usted pagar por tan mal servicio y si, además, necesita que le retiren una basura adicional, por igual tiene que manifestarse y luego pretenden ser recompensados con una dádiva.
Somos al parecer un país de basura, sumiso, y con las venas llenas del famoso gen denominado complejo de Guacanagarix. Hablan mentiras y bajezas al llevar acciones que siempre habían sido comunes pero, que precisamente por el accionar descarado de muchos, se ha perdido e intentan reivindicar, como que nunca se había hecho. La cosa llega a un grado tal de desfachatez que hasta las indelicadezas las publican como logros de eficiencia y alta gerencia, verbigracia, la entrega de uniformes a los militares y policías. ¡Desvergonzados todos! ¡Sí señor!.