Roma.-Vestido casi como un papa, con mitra dorada y casulla rosada, el papable brasileño, el cardenal Odilo Pedro Scherer, convenció ayer durante la misa que ofreció en una magnífica iglesia romana con su don de palabra, su alegría y su sencillez.
El purpurado brasileño, de 63 años, arzobispo de Sao Paulo, acostumbrado a dirigirse a millones de fieles por manejar la diócesis más poblada del mundo, podría convertirse esta semana en el primer papa de América.
Y es que tiene muchos puntos para ser el sucesor de Benedicto XVI: mediático, espontáneo, políglota, sangre europea y corazón brasileño.
Cuando llega en procesión acompañado por 20 religiosos a San Andrés del Quirinal, la céntrica iglesia barroca que le asignaron como cardenal, una de la obras maestras de la arquitectura por su suntuosa cúpula dorada rodeada de ángeles, Don Odilo, como lo llaman en su país, está resplandeciente.