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 Hijo mató padres consumía drogas

Jacagua, Santiago.-Su mirada está lejana, como perdida entre los recuerdos.

Y no es para menos, José Luis Pichardo Almonte aún no entiende cómo su hermanito de 16 años materializó lo que casi a diario pronunciaba: asesinar cruelmente a sus padres con un machete.

Luego de cometer el doble crimen, el joven se suicidó ahorcándose con una soga.

Y lo que mantiene a José Luis prácticamente mudo es que fue justo él quien encontró a su hermano Manuel de Jesús ahorcado con una soga en una de las maderas del zinc de su casa y a sus padres, Marcos Antonio Pichardo, de 61 años, y Carmen Rosa Almonte, de 47, tirados en el piso de su humilde habitación, ensangrentados.

Eran alrededor de las dos de la mañana cuando el joven llegó a la casa, tocó, como de costumbre, dos veces la puerta, pero como la doña no le contestó, siguió insistentemente hasta que tiró la puerta y vio lo más amargo de su vida: las tres muertes.

“Lo único que él (José Luis) dijo fue: ‘Ay, lo que hizo Manuelito’, después de eso no ha dicho una palabra más, está como en otro mundo”, narró Maridalia Almonte, pariente de las víctimas.

Dijo que el día del hecho los vecinos no escucharon nada porque había una fiesta cerca de la casa, ubicada en la comunidad Los Cocos de Jacagua.

Drogadicción

De acuerdo con familiares de las víctimas, el homicida-suicida cambió radicalmente con sus parientes luego de que hace más de dos años se metió a consumir drogas.

“Después que se metió en su vicio cambió totalmente, era verbalmente muy violento, maltrataba a su hermana y a la mamá, y ya casi no compartía con nadie; vivía apartado de todos, se la pasaba durmiendo”, cuenta Felipe Almonte, hermano de la occisa.

Familiares manifestaron que el homicida decía constantemente que mataría a su familia, incluyendo a su hermana mayor.

Manuel de Jesús no trabajaba y casi a diario les exigía con palabras obscenas a sus padres que le buscaran dinero para cualquier cosa que él necesitaba.

La casa donde sucedió el hecho estaba cerrada, pero familiares la abrieron para que reporteros de EL DÍA pudieran acceder, el escenario era triste: piso ensangrentado y muchos objetos rotos, como si los padres intentaron salvar su vida.

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