Santo Domingo.-El Gabinete Agropecuario del Gobierno informó ayer la implementación de cuatro grandes proyectos hidráulicos, con los que el presidente Danilo Medina pretende solucionar de forma definitiva especialmente el desbordamiento del lago Enriquillo, el cual ha sobrepasado en un 150 por ciento su capacidad de evaporación, y las inundaciones del Bajo Yuna, labor con la se que abastecerá de agua a la provincia de La Vega.
La primera de estas obras es la presa de Monte Grande, la cual está previsto inaugurarse en julio de 2016, que es un complemento de la de Sabana Yegua, y un segundo proyecto es la presa de Guaigüí, que resolverá el caso del Bajo Yuna y está en 20 por ciento de ejecución.
A estos planees se suman el proyecto Azua II, que implica la creación de 15 grandes reservorios de agua con una inversión de 9.5 millones de dólares, y la Rehabilitación de 57 obras hidráulicas más, por unos 90 millones de dólares.
Con esas iniciativas el Gobierno busca garantizar un mejor manejo del recurso agua e impulsar al máximo la producción agrícola.
La información la ofrecieron en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, Olgo Fernández, director del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrhi); Radhamés Valenzuela, del Instituto Agrario Dominicano; Gilberto Reynoso, asesor en Aguas del Poder Ejecutivo; Antonio López, director del Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario, y Ángel Estévez, administrador del Banco Agrícola.
Dando una panorámica sobre el sector agrario, los funcionarios explicaron parte de las soluciones al problema del lago Enriquillo, que desde 2007 está en una etapa de crecimiento sostenido, heredado de fenómenos atmosféricos.
Según Olgo Fernández, director del Indrhi, la solución de este implicará un trabajo agresivo que abarca la construcción de la presa de Monte Grande y la rehabilitación de la de Sabana Yegua.
Sin la rehabilitación de la presa de Sabana Yegua no es posible Monte Grande, porque estarían en peligro, las aguas de los ríos San Juan y Yaque del Sur, ya que no tendrían controles en la cuenca baja, esta tiene 33 años y nunca se le construyeron derivadores para controlar las inundaciones.
No tiene sistema automatizado de regulación hidráulica, está en un 75 por ciento, dijo Fernández. Precisó que antes de mayo entrará en su etapa final.
La de Monte Grande, dijo, está en rediseño y terminándose los estudios de suelo e impacto ambiental. A esas labores se añaden la reconstrucción del Caño Trujillo, destruido por las tormentas Noel y Olga, así como el caso de la laguna de Rincón, vía el Caño Lucas y el Dren de Canoa, principales afluentes causantes de las crecidas del lago Enriquillo.
Esas obras implican una inversión de 20 a 25 millones de dólares. Están además inmersos en el dragado y protección del Yaque, unos 51 kilómetros.