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“Padre, me dañó el negocio”

Andrea es una líder comunitaria, de las que dirigen el grupo de mujeres “Alerta, alerta mujeres despertando”, de uno de los barrios de La Vega, ella se dedica a vender números de la Lotería, loto o lo que sea, lo cierto es que ella y su familia viven de eso.

Resulta que en una de las eucaristías de estos domingos comentábamos con la feligresía la situación del barrio y de la comunidad.

Decíamos que la situación está difícil, que aparentemente no hay salida, que no se alcanza a ver una posible salida, que los políticos son los que tienen el país secuestrado, que no hay dinero para comprar comida, leche ni medicina, pero sí para jugar loto, lotería y sí hay dinero para beber, que en los colmados usted no encuentra un litro de leche, pero sí ron, cerveza y todo tipo de alcohol.

Andrea se me acercó a los tres días y me dijo: “Rogelio, por favor, no vuelvas hablar de los vicios y de la jugadera en la Iglesia, pues después del sermón del domingo la gente del barrio no me ha vuelto a jugar los números y tú sabes que de ahí es de donde como yo y comen mis hijos”. Ella me tenía esa guardada.

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