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Zona de confort

No somos adivinos. Cuando sentimos algo, debemos expresarlo. Cuando queremos algo también nos acostumbramos a quedarnos en nuestra zona de confort y entender que todos tienen que ir a buscarnos allá, no nos movilizamos porque en ella nos sentimos cómodos y seguros. En la vida en pareja, familiar y personal, si queremos crecer y prosperar, imposible quedarse en esa zona. Hay que molestarse en salir a buscar otras posibilidades y lo que los demás quieren y necesitan.

Cuando estamos en pareja es mandatorio que nos interesemos por sus gustos, necesidades, expresar frecuentemente nuestros sentimientos, hacer peticiones de forma clara y precisa para evitar malos entendidos, jamás querer cambiar al otro ni acusarlo de nuestra infelicidad, no controlarlo ni manejarlo para transformarlo ni descargar nuestras culpas en esa persona. En cambio, aprender a vivir en la realidad, no de ilusiones o fantasías.

Las novelas rosas no son aplicables a la vida real. No hay pareja ideal que va a proporcionarnos la completa felicidad para vivir en éxtasis permanente, fusionándonos como uno solo para vivir en simbiosis eterna, sin contrariedades ni vacíos, sin errores ni frustraciones.

Nosotros hacemos que esa pareja sea ideal cuando salimos de nuestra zona de confort y nos dedicamos a trabajar en nosotros mismos y por esa relación. Autocomprometernos en llevar una vida activa, en permanente movimiento, informarse, buscar novedades para aplicarlas a uno mismo y a la relación, comunicar, comprender y entender, amar. Concientizarnos de nuestra responsabilidad mejorará notablemente la vida con los demás.

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