Domingo, 20 de enero, 2019 | 3:02 am

“Vox populi, vox Dei”



La democracia representativa tiene como principio básico que el Poder lo ejercen algunas personas a las que el pueblo les ha delegado esa potestad.

En el régimen presidencialista, especialmente en un sistema electoral que requiere mayoría absoluta, el Presidente de la República ostenta la más genuina representación popular.

“Pueblo” es una denominación con cierto grado de abstracto, porque no hay uniformidad, pero sí hay mayorías tan absolutas que se aproximan a ella.

El Soberano, como se denomina al pueblo abstracto, delega su poder, pero las democracias alcanzan niveles de perfección en la medida en que esa delegación no se convierte en cesión absoluta durante un periodo.

El presidente Danilo Medina en varias oportunidades ha demostrado que tiene claro ese concepto.

Lo hizo con el caso de Bahía de las Águilas y lo hace ahora con el Pacto Migratorio promovido por la Organización de las Naciones Unidas. En ambos casos el Presidente ha revertido decisiones gubernamentales al interpretar un rechazo casi plebiscitario a las medidas tomadas.

El Presidente de la República no pierde nunca cuando actúa interpretando el sentir del pueblo, que ha delegado en él la facultad de gobernar.

Actúa como un demócrata cuando comprende su rol de administrador de un Poder delegado.

El país, casi de manera plebiscitaria, rechazaba que el país suscribiera el Pacto por las Migraciones promovido por la ONU y el Presidente actuó en consecuencia.
Eso habla bien del Mandatario.