Martes, 20 de noviembre, 2018 | 9:41 am

Una pesadilla para Odalís Tejeda



Es muy probable que el señor Odalís Tejeda Hernández no imaginara el brusco y amargo giro que daría su vida aquella tarde cuando se dirigía a la propiedad que él visualizaba como “la culminación de un sueño”.

Su sueño. El mismo que acarician miles de dominicanos que, por diversas circunstancias, se han visto obligados a abandonar su país de origen.

Es decir, vivir los años finales de su existencia en la tierra que los vio nacer. Distante de los tremendos afanes propios de una sociedad como la estadounidense, país por cuya bandera juró, agradecido, pero sin abandonar nunca sus raíces fundamentales.

“Me hice estadounidense. Ese país me acogió, protegió y dio la oportunidad de crecer y desarrollarme. Nunca he dejado de ser dominicano, porque amo esta media isla que les dio vida a mis padres, un banilejo y una cibaeña”, dice.

Odalís Tejeda Hernández adquirió en los años ochenta unos terrenos en Arroyo Hondo. Ahorraba cada centavo para edificar una vivienda que sería un remanso de paz tras su retiro.

Su proyecto, en el que ya había invertido elevadas sumas, se desarrollaba sin interrupciones. Hasta que la pesadilla tocó sus puertas.

“Decidí venir al país a hacerme cargo personalmente. Y cuál no fue mi sorpresa cuando me tropiezo con un letrero colocado en el jardín en el que se anunciaba que los terrenos y la casa estaban en venta”, confiesa.

“Llamé a los vendedores. Me contestó una señora que incluso me dio detalles y precio. Tras escucharla, le dije, airado, que se trataba de un fraude, porque esa propiedad era mía y yo no la había vendido”.

En ese momento, el señor Odalís Tejeda acababa de abrir las puertas del infierno. Procedió a querellarse e instrumentar una demanda.

“Una persona obtuvo en el organismo correspondiente una cédula con mi nombre. Publicó en un diario la supuesta pérdida del título y consiguió una copia. Con dicha copia y la identificación secuestrada vendió la propiedad. Ese primer comprador, a su vez, la vendió a una segunda persona”, dice.

Odalís Tejeda Hernández expresa que se encuentra a la espera de una decisión del Tribunal Constitucional, porque hasta el momento tanto el Tribunal Superior de Tierras como la Suprema Corte de Justicia sentenciaron que quienes adquirieron la propiedad procedieron “de buena fe”. ¿Fin de la historia?

“Al fallar en esos términos, el mensaje subliminal es que yo me debo resignar y renunciar a lo que me pertenece. La persona que robó mi identidad fue condenada a ocho años de prisión.

El Tribunal de Tierras de jurisdicción original me dio ganancia de causa señalándome como el propietario legítimo. Ese mismo tribunal, en una instancia, señaló que el fraude no puede dar lugar a nada lícito”, afirma.

Este hombre a quien secuestraron su sueño, espera que se respete la Constitución y el derecho de propiedad. No obstante, es evidente su desilusión, su tristeza y hasta su amargura. En estos años ha recorrido un sendero de espinas.

“Quiero”, dice, “que la sociedad se vea en el espejo de cuanto me ha ocurrido. Una verdadera desgracia en la vida de un hombre de trabajo que ha retornado a su país de origen a darle vida a un sueño…”.

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