Martes, 11 de diciembre, 2018 | 4:03 pm

Una falsa sinceridad que esconde la falta de tacto



La sabiduría práctica vale más que miles de conocimientos e informaciones adquiridas.

La misma requiere de elementos importantes como el tacto al hablar, el cual es indispensable para fomentar el respeto y las buenas relaciones sociales.

Esta virtud es la forma honesta y a la vez delicada de decir las cosas y conjuga la conciencia de situaciones que subyacen en el entorno y en los demás.

La falta de tacto al hablar abunda hoy en día, y se esconde detrás del telón de una supuesta “sinceridad” que muchos usan como pretexto para emitir palabras hirientes e inapropiadas que lo único que hacen es desacreditar su imagen o de lo que representan.

La falta de tacto inicia con frases como: “a cualquiera le canto sus verdades”, “digo las cosas como son aunque duelan”, que solo abren la puerta a la desconsideración, amarguras y rencores que se esconden en el corazón. Pues de lo que hay en él es que habla la boca, dice la Biblia.

La verdad no necesita héroes, pero el mundo sí necesita personas más empáticas, consideradas y con amor al prójimo.

Pero somos imperfectos  y es cierto que cualquiera puede “meter la pata” y más frente a una cámara de televisión, pero no cualquiera rectifica la misma “metida de pata” en otro escenario igual.

Las declaraciones hechas  por la pastora evangélica de San Cristóbal sobre las relaciones conyugales, son evidencias graves de ésta falta de tacto que afecta la imagen de una comunidad que ha hecho tantos aportes sociales, no solo en el país sino en todo el mundo.

La cuestión no es lo que se dijo, sino cómo se dijo.

Cabe destacar que son incontables los testimonios de personas que han corregido sus conductas antisociales luego que asisten a las iglesias.

Incluso actualmente la iglesia es la institución que goza de mayor credibilidad social según la encuesta de latinobarómetro, la cual mide los niveles de desconfianza en la gente. Esta fue valorada con un 68%.

La iglesia ha crecido enormemente. Más y más son los que optan por recibir aquello que ha cambiado la vida de millones de personas en el mundo. Solo la comunidad evangélica compone el 30% de la población Dominicana. Pues lo que ofrece, aunque no es visible, su impacto es innegable.

En conclusión la iglesia puede decir que disfruta de una valoración importante dentro de la sociedad Dominicana, la cual debemos cuidar y atesorar cada vez que la representamos con nuestros actos y palabras.

Habrá situaciones donde, en nuestra humanidad, olvidemos el tacto al hablar, lo importante es saber corregir oportunamente.

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