Una democracia muy cara

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Dicen que la democracia tiene un precio que los pueblos deben pagar y que se trata de una buena inversión para la convivencia.

Pero la nuestra como que se está pasando de cara.

Puede decirse que nos acercamos al derroche.

Los agentes que se lucran de ese despilfarro intentan convencernos de que estamos invirtiendo correctamente en nuestra democracia, cuando la realidad es que el gasto es inversamente proporcional a la calidad. Mientras mejor calidad de democracia se disfruta, menos hay que gastar en ella.

Un país pobre como el dominicano, pero con riquezas inagotables, invierte un dineral en su democracia. Ha entregado a los partidos políticos reconocidos 12,200 millones de pesos desde que se instauró el financiamiento público para las campañas.

Pero se gastan casi cinco mil millones en llevar a votar a siete millones de electores.

Eso es mucho dinero.

Ahora quieren que los contribuyentes les paguemos sus procesos internos, para lo que se requerirían más de dos mil millones, todo porque ellos se sienten incapaces de contar sus propios votos.

No corramos el riesgo de que un día la gente empiece a cuestionar la relación costo-beneficio de la democracia a la dominicana.

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