Lunes, 20 de agosto, 2018 | 3:52 am

Una definición problemática



Frederick Copleston (1907-1994) en el primer volumen de su Historia de la Filosofía (los 9 volúmenes de esta obra se publicaron entre 1946 y 1974) afirma que: “La historia de la filosofía da cuenta de los esfuerzos del hombre por hallar la Verdad mediante la razón discursiva” El jesuita inglés tiene la osadía de plantear el hallazgo de la Verdad como tarea posible, pero introduce sabiamente la precaución de señalar un camino muy acotado: “la razón discursiva”. En la historia del pensamiento, de las religiones, e incluso de la política, hay tantas y diversas afirmaciones de haber encontrado la verdad que debería darnos algo de pudor construir un oración cuyo sujeto y verbo sea “la verdad es…”.

Las definiciones de verdad han impulsado masacres, torturas, persecuciones y divisiones, por un lado, y grandes cambios sociales, políticos, económicos y culturales, del otro lado. Existen tantas “verdades” como gustos hay en la especie humana, cada una ajustada perfectamente a los prejuicios, necesidades y sobre todo a las ansias de poder de individuos, clases sociales y naciones.

En lo opuesto a esta situación, negar la posibilidad de encontrar la verdad es una burda tautología, porque indicarlo pretende ser una verdad en sí misma. Preguntar qué es la filosofía, que fue por donde comenzamos, usualmente tiene una respuesta en los manuales introductorios de la filosofía que no es la de Copleston, y a mi juicio no tan útil.

Se analiza la raíz griega del término, su etimología, es decir: filo (amor o pasión por algo o alguien) y sofía (sabiduría). Esta definición proviene del debate entre los socráticos y los sofistas en el siglo V a.n.e. en Atenas y que Platón registra dichas confrontaciones en su obra escrita.

En la antigüedad existían muchos maestros que se identificaban a sí mismos como sabios (sofones) y se les consideraban sofistas, es decir, expertos en sabiduría, pero frente a ellos surgieron los que consideraban que eso era petulancia y que a lo sumo eran amantes de la filosofía, valga decir, que eran filósofos, no sofistas o sofones.

Seguir esa explicación nos da una pista histórica del asunto, pero no nos ayuda a entender lo que es la filosofía como disciplina. Platón dejó una muy mala fama sobre los sofistas, a pesar de que contribuyeron al desarrollo de la democracia.

Hay una cierta tensión entre filosofía y ciencia desde su nacimiento común en la antigua Grecia, ambas se consideran dueñas de la verdad, sea lo que sea que entendamos por dicha palabrita. El problema actual entre ciencia y filosofía surge a partir del siglo XV cuando se inicia la Ciencia Moderna basada en la evidencia empírica y los modelos matemáticos, esos primeros científicos eran escépticos con la filosofía (y la religión) que conocían, específicamente la escolástica, y la consideraban como un conjunto de opiniones no fundamentadas científicamente.

Volveremos con ese tema en otro momento, pero es bueno señalar que igual pasó cuando entre finales del siglo XVIII y el XIX surgen las llamadas Ciencias Sociales, que buscaban tener el rigor de la Ciencias Naturales y también cuestionaban a los filósofos por no someter sus explicaciones a métodos matemáticos o estadísticos, y no buscar evidencias empíricas que respaldaran sus teorías.

Los científicos de la naturaleza a su vez cuestionaron -y lo siguen haciendo hoy día- la pretensión de las ciencias sociales de ser “ciencia”, por más estadísticas que empleen. Del lado de la filosofía se llegó a argumentar que la filosofía era general, mientras que las ciencias naturales y sociales estaban circunscritas a campos específicos del saber y, en otros casos, de que la filosofía evaluaba a las ciencia y su pertinencia epistemológica, es decir, si sus métodos efectivamente alcanzaban a explicar lo que pretendían.

Concluyo esta breve reflexión con Emmanuel Levinas (1906-1995). Al inicio de su obra Totalidad e Infinito, ensayo sobre la exterioridad (1961), define hermosa y tímidamente a la filosofía como “lucidez” y que esta es “apertura del espíritu sobre lo verdadero”. Más que encontrar la verdad, nos invita a exponernos a ella.

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