Domingo, 17 de junio, 2018 | 2:45 am

Una carta, una novela: realidad y ficción



Es importante resaltar cómo un documento anterior a la fecha de publicación de la novela Over (1939) contiene aspectos que, de una u otra forma, se reflejarán en la trama de la ficción, lo que acentúa el perfil autobiográfico y de urdimbre existencial de la obra.

Se trata de una carta, fechada el 26 de diciembre de 1938, al día siguiente de la Navidad, que Ramón Marrero Aristy dirige a su amigo Secundino Gil Morales, luego destacado combatiente antitrujillista y líder político, en la que le relata, muy amargamente, la difícil situación económica y la incertidumbre de su destino personal y familiar para permanecer en el país.

La misiva, publicada por la revista País Cultural (Segunda Época, Año 10, n.º 2, julio 2017), empieza diciendo: “El mundo me da vuelta y nuevamente como que me viene encima. Siempre estos desagradables días de invierno empeoran mis males.

Hay muchas razones: Noche-buena -léase calamidades, amarguras por escasez de dinero, el insulto de los que pueden haciendo alarde de su abundancia-, el airecillo este que invita a todo, menos a la alegría; mi temperamento vagabundo, mi costumbre de andar para un lado y para otro, mi ausencia de capacidad para cazar dinero en cualquier forma”.

Y continúa revelando al amigo: “Pasamos una pésima Nochebuena. Ya no podemos soportar la plebe donde vivimos. (…) El sueldo -como cualquier sueldo pequeño- está maldito”.

A propósito de su esposa enferma dice: “Mi mujer come mal, sigue flaca, no tiene aspecto de mejorar”.

Y, luego de criticar la situación del país, en el que se siente atrapado, aduciendo que “en una tierra como esta, donde las aptitudes de los hombres valen menos que cualquier fruta podrida”, añade: “He resuelto, súbitamente, salir de aquí”.

A seguidas, explica al amigo su plan de recaudación de fondos para abandonar la media isla por mar, hacia Curazao, para pasar luego a Venezuela, donde “hay trabajo y dinero”. Y como si predijera el ámbito de la ficción subraya en la carta a Cundo: “Esto te parecerá una fantasía, pero ninguna fantasía tan cruel como esta que estoy viviendo aquí. Yo estoy decidido a no progresar a la manera dominicana.

No haré eso aunque me cueste lo que me cueste. Ya para ensuciarse de mierda es suficiente. Soy muy joven y no tengo intereses ni familia. Por comida y trapos no se puede vender la conciencia”.

¿Qué significaba en el contexto de la carta esa “manera dominicana” de progresar? ¿Vender la “conciencia” al régimen que llevaba ocho años en el poder en manos del ya predestinado “benefactor” de la patria “nueva” y gran reconstructor y arquitecto de una ciudad capital devastada por el ciclón San Zenón en 1930? ¿No fue acaso “eso” lo que, en efecto, le costó la vida?

Esa crisis existencial experimentada en una sociedad de estrecheces económicas, en los primeros años de padecimiento de un régimen dictatorial que endurecerá sus mecanismos de control del Estado, la economía, la sociedad y los individuos a lo largo de más de tres décadas, se va a reflejar en las páginas de “Over” y en la situación particular de su personaje principal.

Desde las primeras líneas de la narración, y sin entrar aun como bodeguero en las entrañas del ingenio, a raíz de ser expulsado de su hogar por un padre férreo, el personaje afirma: “he de reconocer que todo esto que me rodea, visto por mí a cada amanecer hasta hacerme hombre, se ha tornado hoy en algo que me repele; y una gran sensación de soledad se ha adueñado de todo mi ser” (Santillana, República Dominicana, 2016, p.11). Continuará.

José Mármol

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