¿Un nuevo Frankenstein?



Uno de los grandes problemas de República Dominicana, y con mayor énfasis en Santo Domingo, es el servicio de transporte de pasajeros: caótico, malo, caro, sin regulación clara, selvático e insultante para la dignidad de la gente.

No ignoro que existen esfuerzos privados de adecentamiento, pero se trata de destellos virtuosos dentro de un gran lodazal que apenas se perciben y que impactan modestamente en esta actividad, donde el mercado ha fallado en forma extrema.

Vibrante, colorida, fiestera, con una oferta gastronómica y cultural amplia, compitiendo con grandes ciudades de América Latina, Santo Domingo no podrá dar el próximo paso para convertirse en una capital icónica en el Caribe si no organiza el tránsito y el servicio de transporte.

Las horas pico son todas, de 6:00 de la mañana a 12 de la medianoche las vías se atascan, pese a las inversiones en semaforización, la intensa actividad de los agentes de tránsito y las modificaciones viales hechas por el Ministerio de Obras Públicas.

Las unidades de transporte de pasajeros no tienen límites. Transitan por doquier, no asumen carriles fijos y se detienen en cualquier intersección a montar y desmontar pasajeros sin importar el pademónium que generen.

Como son “humildes padres de familia” que forman parte de las redes clientelares de los políticos, carne de cañón para los mataderos electorales, la sanción no existe para ellos. Gozan de impunidad total y este privilegio los hace creerse dueños de las calles y de los pasajeros.

Los diputados acaban de aprobar una legislación que crea el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), fusionando a un grupo de entidades que forman parte de la dispersión institucional.

Temo, sin embargo, que con este marco legal estemos creando un monstruo de Frankenstein, pues todas las piezas que conformarán el Intrant llegarán con su personal, equipos, bienes muebles e inmuebles, derechos, registros, créditos, obligaciones y presupuestos.

Me luce que podríamos estar recogiendo basurales aislados para conformar un gran vertedero. Ojalá que el Poder Ejecutivo revise bien esa ley antes de promulgarla y determine si no es mejor partir de cero para ejecutar una reforma efectiva en tránsito y transporte que unir fragmentos maleados para conformar una sola estructura.

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