Un camino muy peligroso



Hace unos años se decía que el mundo se iba a acabar en el año 2,000, sin embargo todo ha seguido su curso, a pesar de los estragos de los fenómenos naturales y el calentamiento de la Tierra.

Alguien sostiene, y es una verdad-verdad, que el mundo se acaba para el que se muere.

Y es que nada debe sorprendernos en esta época donde todo se sabe a la velocidad del rayo, se oculte que alguien murió, y que ni sus familiares más cercanos conocen el lugar donde fue sepultado, pero mucho menos aparece la tumba, mientras la justicia afirma que investiga el caso desde hace tiempo.

Por eso, ya pocas cosas extrañan, incluso en el movimiento olímpico, antes un modelo para los demás sectores de las sociedades del mundo.

Hoy ese grupo está podrido como cualquier otro estamento, dada la gran cantidad de casos de corrupción que se han producido y denunciado en los últimos años.

Son casos que antes eran inimaginables, porque quienes llegaban a esas posiciones eran verdaderos hombres de bien.

Eso no quiere decir, y que me perdone Luisín Mejía, segundo dominicano electo al seno del COI, y quien anda orondo recibiendo reconocimientos de todos, que el movimiento deportivo pueda salir airoso de estos escándalos.

El último gran escándalo lo protagoniza el presidente del Comité Olímpico de Brasil, Carlos Nuzman, acusado por las autoridades de su país de la presunta compra de votos para que Río fuera sede de los Juegos Olímpicos en 2016.

La compra de votos no es nada nuevo, desde hace años se viene denunciando esa práctica entre los miembros del COI, aunque ahora es cuando al parecer se le quiere poner la “tapa al pomo”.

Estamos pues, ante una descomposición de tal magnitud que ni siquiera se salvan hombres y mujeres que sacrificaron todo por sus compatriotas.

¿Por dónde vamos? ¿Cuál es el futuro que nos espera, en especial a las nuevas generaciones? Alguien diría con toda la razón del mundo que, definitivamente, “esto se jodió”.

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