Martes, 25 de septiembre, 2018 | 2:50 pm

Un brechero



La pasada semana, las redes sociales fueron inundadas con un video en el que dos personas, aparentemente sostenían relaciones sexuales sin reparar que estaban siendo filmadas.

Como muestra inequívoca de nuestra vocación por el morbo y naturaleza brechera, dicho video acaparó toda la atención por varios días, superando informaciones de orden criminal, económico, político, etc.

Sobre esa parte no debe haber sorpresa, pues está más que documentada la profunda carga sexual que bombardea a diario a nuestra sociedad.

Quien escribe, también vio el video, y no una sino varias veces, por lo que me parecería hipócrita tratar el tema y no decir que lo observé.

La realidad es que en la psiquis del dominicano, acechar a quien sostiene relaciones sexuales es un deporte, solo hay que oír la voz que acompaña el video, tanto la masculina, como la femenina, esta última desesperadamente llamando a otra mujer “¡coño ven a ver!”.

Alguien podría pensar que esas son cosas de muchachos, y si lo son, para quien es violada su intimidad no tiene nada de infantil.

Y ahí es donde en este episodio, como sociedad, se nos fue la mano.

El hecho de que dos adultos estén teniendo relaciones, incluso con la posibilidad de que se tratara de un acto de exhibicionismo, no justifica que el mismo sea grabado inconsultamente y, peor aún, subido a las redes.

Los actores de ese video, en el supuesto de que fueran exhibicionistas, tienen el derecho de limitar el alcance de su exhibición, y en consecuencia, nadie más que ellos pueden determinar quién los ve o no los ve mientras sucumben al placer carnal, así pues, podrían estar conformes con que un transeúnte los vea, pero no con que el mundo tenga acceso a su acto íntimo.

Es por ello, entre otras cosas, que nadie tiene derecho a difundir el video.

Más aun, la justificación mundana de que ese es su merecido por “cuerneros”, es torpe, porque presume conocer los implicados, cosa que nadie sabe a ciencia cierta.

En el colmo de la inmadurez cerebral tecnológica, ¡se llegó a subir al internet las fotos de los presuntos protagonistas y hasta sus perfiles públicos! Y se dio como bueno y válido que esos eran los involucrados.

¿Pero y quién determinó que eran ellos?

¿Cómo reparar ahora el daño que se ha causado a una empresa y a dos personas señaladas como partícipes en el video?

Mis libros de derecho podrán estar cubiertos de polvo, pero aquí hay al menos dos delitos:

1-      La violación al derecho a la intimidad de los actores reales del video

2-      La difamación de los señalados como partícipes sin ninguna prueba

La próxima vez que usted sea testigo de un acto íntimo, si le parece bien, obsérvelo, yo no estoy aquí para dictar pautas de conducta sexual, al final solo usted controla su morbo, cada quien lidia con su conciencia. Pero no lo difunda, solo piense, como en este caso, en ese video pudo estar un amigo o un familiar.

Ese es el error que cometemos todos.

Y si no puede evitarlo, ya sea por ser parte de una sociedad que estimula el libertinaje, por sus propios impulsos lujuriosos o por sus fantasías insatisfechas, evite un problema. Manténgase usted como lo que es,

Un brechero.

ELÍAS BRACHE

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