Lunes, 24 de septiembre, 2018 | 1:31 am

Un barco con dos capitanes



No sé lo que pasará en otros países, pero aquí parece que no funciona la coexistencia prolongada de dos grandes figuras en una misma entidad.

Ni en los combos. Mucho menos en la política. Ahora presenciamos la fatigosa contienda entre el licenciado Danilo Medina y el doctor Leonel Fernández, respectivamente, en el Partido de la Liberación Dominicana.

Pero eso ya ha pasado cien veces en nuestra historia. Todo segundo quiere ser primero. Dicen que el vice Dios es ateo, y el general Macabón, repetía en su estropeado español que dos culebras no pueden vivir en la misma cueva.

No había dos caudillos más amigos que Pedro Santana y Buenaventura Báez. De las cinco presidencias que ejerció este último, las dos primeras se las proporcionó Santana.

Hasta que Báez acumuló fuerza suficiente y la cooperación se transformó en un enfrentamiento a muerte.

En el campo liberal hay también sus ejemplos elocuentes. Lilís ganó poder a la sombra del general Luperón, hasta que llegó un momento en que ya no podían caber ambos en el Partido Azul y vino la traición del primero hacia el segundo.

El siglo veinte se inició con otro ejemplo. Cuando Lilís fue ajusticiado el 26 de julio de 1899, Horacio Vásquez, héroe aclamado de esa gesta libertadora, renunció a ser presidente y favoreció el ascenso de Juan Isidro Jimenes en octubre de ese año, pero en 1902, Vásquez perdió la paciencia y lo que no quiso cuando el voto popular estaba dispuesto a dárselo, lo procuró con un golpe de fuerza, tumbó a Jimenes y de allí nació una división entre bolos jimenistas y rabuses horacistas que marcó la vida del país por casi veinte años.

Desiderio Arias y el mismo Jimenes, que parecían hijo y padre, terminaron enfrentados en una lucha que creó el vacío que sirvió de pretexto a la ocupación militar yanki de 1916.

Joaquín Balaguer y Augusto Lora, Juan Bosch y Peña Gómez, Antonio Guzmán y Jorge Blanco, Peña y Jacobo Majluta. Hipólito Mejía y Miguel Vargas. Aclaro que el movimiento de izquierda merece un trato aparte.

Observemos la rivalidad de Medina y Fernández y esperemos las consecuencias para el barco PLD, que con sus dos capitanes navega en las aguas tempestuosas de su propia crisis. No hago pronósticos, pero decía el viejo marinero Juanico Alegría, que un barco con dos capitanes se hunde.

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