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Trump: no se gobierna con poses

A diario vemos nuevos titulares sobre algo fuera de serie en la administración del presidente Trump. Pero la economía estadounidense se fortalece.

Parece que el gobernante norteamericano está haciendo todo lo posible para convertir a Estados Unidos en uno de los emprendimientos más ambiciosos desde el nacimiento de esa nación. Su administración no es perfecta.

Ahora bien, la tarea de liderar una nación que nunca ha estado más en desacuerdo consigo misma es tremenda responsabilidad.

El de Trump es un país inmerso en diversos conflictos armados, ciberseguridad, armas biológicas, terrorismo y enfrentamientos económicos con otras naciones, debiendo reinventar el comercio con China para promover el comercio mundial abierto y justo.

Hay opiniones diferentes sobre lo que es inusual y lo que no y de cómo debe comportarse en público un presidente. Lo cierto es que a medida que pasan los ciclos políticos se afianza la idea de que lo atípicos como él se están convirtiendo en las corrientes principales a seguir.

En Trump lo anormal sigue siendo la nueva normalidad.
De hecho, el comportamiento público de Trump está totalmente alejado del de sus antecesores.

Pero siendo el tema de la cordura presidencial el centro del debate público, debemos preguntarnos cuáles son los criterios válidos para juzgar la aptitud del jefe del Poder Ejecutivo y cuáles son las políticas presidenciales.

El molde de la conducta presidencial de Trump no se aleja de su controvertida personalidad, cuya vida ha estado cargada de escándalos impositivos, empresariales y personales. Sin embargo, ¿prefiere la sociedad contemporánea gobernantes tan correctos como las poses que sean capaces de exhibir? o, ¿quiere el mundo de hoy presidentes que más que cuidar su imagen, dejen ver lo que son y sus objetivos de favorecer los intereses del país que dirigen?
Sin locura no hay grandeza.

Trump prometió volver a hacer grande a Estados Unidos. Solo la locura despierta el enojo de tantos que saben que el “status quo” les roba el porvenir.

Defiendo al loco de Trump, si de transparencia, aunque atropellada, se trata. Azotemos, como Jesús en el Templo, la opacidad y la pobreza de muchos, a causa de burócratas de viejo y de nuevo cuño.

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