Domingo, 23 de septiembre, 2018 | 12:54 pm

Trump es una trampa



Este no es el momento para asumir el ostracismo como método de vida.

Toda actividad sobre nuestro planeta, durante ya más de un siglo, está determinada por la forma en que se tomen y ejecuten decisiones en los Estados Unidos de Norteamérica.

Ante esa realidad incuestionable, y frente a un proceso electoral que se avecina, todo aquel que aspira a vivir en sociedades más inclusivas, tolerantes y democráticas debe alzar su voz.

Esta, humildemente, es la mía.

El candidato del Partido Republicano es el millonario negociante Donald Trump.

La plataforma sobre la que este individuo ha cimentado su candidatura, tal como se ha documentado, está basada en precisamente los antivalores a que aspiraríamos ver extintos.

Sus discursos están cargados de prejuicios y descalificaciones, a la vez que carecen de contenido, abundan las palabras cliché,  además de evidenciar una ausencia de algún plan definido para alcanzar los objetivos propuestos, los cuales, el tristemente célebre Trump, resume en la expresión “Make America great again”,  slogan que traducido significa básicamente “Hagamos a América grande de nuevo”.

Quizás el señor Trump haya olvidado qué ha hecho a América grande.

Los Estados Unidos de Norteamérica fueron fundados sobre la más grande historia migratoria de la humanidad.

Se trata de un vasto territorio que acogió a todo aquel que, tratando de vivir en paz y prósperamente, fijó sus ojos en una tierra llena de oportunidades.

Estados Unidos de Norteamérica ha sido desde hace décadas, un lugar en el que todo aquel que ha sido perseguido, discriminado, abusado, ha podido vivir libremente y construir, dentro de los límites de la ley, todo lo que ha soñado.

Y eso lo saben bien los dominicanos.

La población dominicana en Estados Unidos de América ronda los 1.8 millones de personas, y todos, absolutamente todos, pueden hacer su vida en esa tierra gracias a que nadie nunca se le ocurrió limitar sus deseos migratorios por su raza o país de origen.

Precisamente eso, es lo que este díscolo sujeto ha planteado, pues alegando defender los intereses de una nación creada por inmigrantes, aconseja construir un muro en la frontera con México, mientras pretende prohibir que 1,500 millones de seres humanos, cálculo aproximado de musulmanes, puedan pisar suelo estadunidense.

¿Quién les garantiza a nuestros compatriotas que mañana no serán blanco de sus ataques?

¿Cómo saber que ese dominicano, que ha esperado por tantos años para llegar a suelo norteamericano, no verá de repente su proceso torpedeado por iniciativa de un sujeto, cuya trayectoria de abuso a sus trabajadores, contratistas, socios y todo aquel que no le aplauda, está más que comprobada?

Usted que me lee ¿Se imagina que de repente ese amigo, primo, hermano, hijo, esposo, esposa, padre, madre, después de tantos años de espera de repente le sea bloqueada su entrada a su tierra soñada?

¿Y las remesas? ese dinero que tanto ayuda en la tierra natal ¿al igual que las zonas francas, como ha dicho Trump deberán retornar y ser usadas solo en suelo norteamericano? ¿Alguien puede negar esa posibilidad?

Trump ha basado su discurso en el miedo, en la incertidumbre de un mundo cuya complicación no se resuelve “bombing the shit out of them”, o en español “sacándole la mierda a bombazos”, como ha sido capaz de decir públicamente.

Los desafíos de nuestro planeta, requieren de posiciones firmes sin duda, pero más que nada de inteligencia y estrategia. El Donald, con sus declaraciones altisonantes, solo demuestra una gran falta de aplomo y una gran capacidad de “showman”.

Es en esa impericia que está el peligro global. En la posibilidad de que por el manejo de las emociones de muchas personas que pudieran sentirse defraudadas actualmente, se pueda dejar en manos de un elemento que nunca ha ostentado función pública alguna, inestable, carente de escrúpulos, inexperimentado, gris “hombre de negocios”, la conducción de un nación que garantiza en términos generales la convivencia del globo terráqueo.

Lectores, los datos de este farsante están ahí, sus expresiones groseras e indecentes, sus planteamientos sin sustento, su retórica racista y excluyente, sus burlas insultantes.

Trump es una trampa.

ELÍAS BRACHE

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