Lunes, 15 de octubre, 2018 | 10:18 pm

Transporte, decisión y coraje



Los dominicanos tenemos pocas cosas tan denigrantes zarandeando la dignidad como el servicio de transporte, caro, malo e inseguro, donde se anidan la violencia, la sangre, las distorsiones de mercado más asqueantes y el salvajismo del garrote en toda su dimensión.

Está claramente establecido: una considerable porción de los ingresos percibidos por los quintiles menos pudientes son absorbidos por el desastroso sistema de locomoción, que tiene, en consecuencia, una etiqueta generadora de pobreza.

En ese submundo –capturado por connotados delincuentes, extorsionistas y violadores impunes de las leyes- no hay libertad de empresa ni cabe el emprendimiento e intentarlo sería exponer la vida ante el bate y el “sacahígado” con los que resuelven sus controversias.

A esa cohorte delincuencial que una vez Radhamés Gómez Pepín definió como los dueños del país, ningún marco legal le es aplicable y la clase política no se atreve a enfrentarla por temor a las secuelas electorales.

Mientras tanto, los órganos responsables de ordenar el mercado –que cuestan una fortuna a los contribuyentes- la miran de soslayo, con la cautela que emana del terror que provoca.

Los niveles de violencia provenientes de esas hordas trascienden los aspectos físicos y cruzan la frontera de lo moral, del descrédito personal, razón por la que han desplegado una agresiva campaña verbal contra la buena fama del ministro Gustavo Montalvo, como respuesta a su interés en que el país cuente con un servicio de transporte digno.

Esto lo harían con cualquiera que apele al orden y a la legalidad en el sector. El Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) y su dirigencia fueron acribillados moralmente con pancartas colocadas en las unidades profiriendo todos tipos de insultos, como forma de enfrentar un proceso legal.

Suscribo en todas sus partes esta declaración pública de Montalvo ante los dardos envenenados de los reyes de la impunidad:

“En el caso particular del transporte, estamos completamente decididos a transformar y modernizar radicalmente la situación actual de la red de transporte, para garantizar a los ciudadanos una movilidad segura, confiable y asequible, así como puestos de trabajo digno a los trabajadores del sector”.

Sin resolver este problema, el país no dará el próximo paso al desarrollo. Ojalá la conciencia ciudadana sea permeada y enfrentemos todos este gran reto con decisión y coraje.

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