Tony Isa responde a columna



En esta ocasión deseo referirme a la columna Vía Contraria, que bajo el título “La ilusión del pacto fiscal” publicara este lunes mi buen amigo Víctor Bautista, persona de alto vuelo y que entiende profundamente la problemática nacional.

Sin entrar en detalles acerca de consideraciones erróneas expresadas por Bautista cuando se refiere a la Estrategia Nacional de Desarrollo, quiero focalizarme en el punto del Pacto Fiscal, pues ahí el amigo está evidentemente confundido.

Los pactos se justifican en una sociedad como la nuestra, con institucionalidad y sistema político débiles, clientelar, donde el reemplazo de cualquier funcionario implica un cambio de políticas y no hablemos de las sustituciones a nivel de Presidente o de ministro, sino incluso, de un director cualquiera.

No hay continuidad en las políticas públicas

Partiendo de esa lamentable realidad, los pactos tienen su utilidad, pues garantizan que distintos sectores de la sociedad asuman los propósitos, las políticas y se apropien de ellas para asumir el compromiso de aplicarlas, no importa quién esté en el poder en un momento dado.

Independientemente de que las metas a asumir -derivadas de los pactos- puedan, en función de los cambios de gobierno, hacerse por vías diferentes, el diagnóstico y los objetivos tienen que estar bien claros.

Si contáramos con una institucionalidad fuerte, si el respeto a la ley se convirtiera en una parte de la genética pública, estoy de acuerdo con que en el país no hubiera necesidad de pactar para avanzar en aspectos que son fundamentales para el desarrollo.

En definitiva, los pactos vienen a completar las falencias que tiene un país como el nuestro, con todas las debilidades institucionales que históricamente arrastramos.

Podremos armar un pacto fiscal por encima de intereses particulares si la sociedad se empodera, creando una masa crítica de actores que superen el estrecho horizonte de la visión cortoplacista y que vea las cosas a mediano y largo plazo, pensando ante todo en el interés nacional.

De esta manera se puede proteger al país de cualquier contingencia en materia de política fiscal o monetaria. Pienso que sí podemos lograrlo.

*Por  Antonio Isa Conde

Publicidad

Publicidad