Domingo, 23 de septiembre, 2018 | 5:54 am

Todos tenemos un sello distintivo



Celebro la vida y es por lo que siempre que alguien cercano cumple años, pienso  que tenemos que celebrar y agradecer por ella, pues somos únicos e irrepetibles, tanto así que todavía no nos han podido clonar, y esa diferencia llamada huella digital, además de la que llevamos dentro, alimentado por el soplo de vida que lo da Dios, nos hace únicos.

En ese mismo sentido nos sucede en el mundo espiritual cuando conocemos a Jesús y le aceptamos como nuestro Salvador y Señor, como cristianos tenemos un sello que nos identifica y nos distingue y ese sello se llama Amor.

No es nuestra forma de vestir, ni de hablar, porque todo esto puede hacerse bajo otra sombrilla….la de la apariencia, pero cuando nuestra sombrilla es el amor que Dios ha puesto en nosotros, entonces no habrá dudas de que cristo vive en nuestro ser y todos los puntos anteriores reflejará nuestra condición, tal y como dijo Jesús, ¨Por sus frutos los conoceréis¨.

El amor hecha fuera todo temor, cubre multitud de pecados, tal y como lo encontramos en la Biblia,  en 1ra. de Pedro 4:8. De hecho, el amor es el protagonista en los dos primeros mandamientos divinos….amar a Dios sobre todas las cosas y amar a tu prójimo como a ti mismo.

Cuando tenemos amor vemos la vida bajo otra perspectiva, el que ama no miente, no levanta falsos testimonios, no es hipócrita, sus ojos tienen una mirada diáfana, se pone en el lugar de los demás para tratar de entender su situación sin juzgar, más bien cuando tiene dudas ora al Señor y Dios para que le revele la verdad de las cosas. 

El que ama no puede tener amargura, tiene sus momentos de debilidad porque estamos en el mundo, pero de inmediato cae de rodillas ante el trono de Dios para ser fortalecido y pide visión de lo alto para salir a flote.

Tal pareciera que tener amor es difícil en este tiempo donde este sentimiento ha sido sustituido por el desapego, la avaricia, la ambición y el amor al dinero, y las consecuencias están ahí: La inseguridad, el desplome de la familia, ya los hijos no están seguros con los padres y ni los padres con los hijos, la  sociedad está en franca decadencia, porque los valores que es donde ésta se sustenta están cambiando y los parámetros que desde la creación han regido también.

Entonces, ¿podríamos decir que vamos hacia la decadencia total?, definitivamente no, mientras exista un pecador arrepentido y torne su mirada a Dios hay esperanza.

Seamos apercibidos, aún estamos en esta tierra y podemos tomar la decisión de cambiar  nuestro escenario, que el amor de Dios entre a nuestras vidas y esto tendrá un efecto multiplicador sobre nuestras familias y sociedad.

Cuando este amor sea una realidad en nosotros,  entonces estaremos contados dentro de los bienaventurados como dijo el Salmista David en el Salmo 1; ¨Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su ley medita de día y de noche.

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.

Confiemos en que Jesús, quien la buena obra empezó en nosotros, no descansará hasta terminarla.

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