Viernes, 21 de septiembre, 2018 | 6:10 pm

¿Te amo porque te necesito o te necesito porque te amo?



Esa cuestión nos planteó una vez como reflexión mi estimado profesor Mario Minaya en su cátedra de Teología cuando cursaba la licenciatura en Comunicación Social. Viendo como todavía muchos vínculos se sostienen sobre la dependencia también me hago la misma interrogante.

No es sano para nosotros emocional, mental y físicamente sostener un vínculo sobre la necesidad. Algunas veces por el factor económico, otras por estar acompañados, algunas por no aventurarse a que nos amen bien, hay una y mil razones. Pero la necesidad, no es buena consejera. Somos seres bastantes completos con experiencias por vivir, la compañía del ser amado viene a ser una forma de ejercer una maestría con alguien con una vida distinta a la nuestra, a la que elegimos para bailar al vaivén de otro círculo de experiencias compartidas.

¿Será apego o será amor? Cuando esa necesidad nos frena a dejar de ser como somos, a no mostrar nuestro verdadero ser, a aplazar nuestros planes o a no verbalizarlos siquiera, es porque sin dudas el amor se escabulló y se transformó en apego. Descubrirnos a nosotros mismos será la base de nuestra pirámide para luego de saber quiénes somos y qué precios estamos dispuestos a pagar, relacionarnos con otra persona.

Esa necesidad lleva también muchas veces a pensar que no es posible la vida sin esa persona, llevando a algunos extremos insospechados como la depresión y hasta perder la vida o atentar contra la otra persona si ya no quiere sostener el vínculo.

Otra arista son las manipulaciones, amenazas, que sostienen estos apegos insanos.

Mi pregunta final sería ¿elijo este vínculo libremente porque me apetece compartir mi experiencia con el otro, acompañarle, sabiendo que algún día puede terminar y puedo sentirme satisfecha de lo que di mientras duró?

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