Viernes, 21 de septiembre, 2018 | 11:09 pm

Soy egoista ¿y…?



A las mujeres de mi generación (de 40 en adelante) nos vendieron una historia que se transformó en una trampa. Crecimos con el mensaje de que debíamos ser independientes, luchadoras, no depender de un hombre y ser las mejores en todo.

Perfecto. Pero al mismo tiempo mantuvimos el papel tradicional de madre, esposa, ama de casa… Y el hombre debía permitir que su pareja tuviera los mismos derechos, sí, pero siguió siendo el cabeza de familia que trabaja y mantiene. Y nosotras felices asumimos que podemos con todo y en todo somos maravillosas. Además, claro, debemos vernos espectaculares, por nosotras y para los demás.

¿Qué ha pasado? Que llega un momento en el que colapsas porque es totalmente imposible ser ideal en cada uno de estos aspectos de tu vida. Quien diga que puede, de verdad, que regale la poción mágica. Y cada una ha enfrentado esta presión social como ha podido, literalmente.

He hablado mucho sobre este tema con chicas de mi entorno y es increíble como casi todas hemos pasado por una transición interior muy fuerte. Solo voy a mencionar una que para mí fue liberadora: cuando me permití ser egoista conmigo misma sin sentirme culpable por ello. Un día me di cuenta que era la última de la lista en todo, mis prioridades no me conocían porque yo solo vivía para ser esa mujer perfecta en todo… Y cuando pensaba en hacer algo por mí, una sensación de culpa me invadía… ¡Estaba dejando algo importante sin hacer! Hasta que entendí que si yo no me cuido no extrapolo cosas positivas hacia los demás.

Al permitirme ser, al disfrutar de pequeñas o grandes cosas sin remordimiento me relajo, soy feliz y… ¿saben qué? No pasa nada, el mundo sigue girando, solo que lo miro con una sonrisa.

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