Domingo, 9 de diciembre, 2018 | 4:33 am

Sobre el Pacto Migratorio



En Marruecos se conocerá y aprobará el próximo día 11 de diciembre el Pacto Mundial para la Migración Segura, Regular y Ordenada, una iniciativa con la cual la Organización de Naciones Unidas persigue reducir la migración irregular y los efectos negativos que la misma acarrea.

El pacto tiene 23 objetivos que de algún modo reflejan un avance, un cambio de visión sobre el fenómeno de las migraciones.

La enorme mayoría de los estados miembros de la ONU (al menos 180) están dispuestos a suscribir este acuerdo, debido a que –como dice el documento base- casi todas las naciones son al mismo tiempo países de origen, receptores y lugar de tránsito de migrantes.

En nuestro país hay muchas personas que se oponen rabiosamente a este proyecto. Olvidan que migrar es un derecho humano, no un delito.

Que más que una amenaza, el inmigrante es un ser humano merecedor de nuestra solidaridad, un ser que ha dejado lo más querido, su familia y su terruño, para ir en busca de una mejor vida.

En base a grandes sacrificios, envía remesas a los que han quedado en casa, y también aporta a la economía del país que le acoge.

Sería una lástima y una vergüenza que, por miedo al chantaje de grupos políticamente atrasados –con una visión distorsionada del nacionalismo-, el Gobierno dominicano se negara a suscribir el Pacto en Marruecos.

Por encima de la cháchara “nacionalista”, hay que recordar que si bien nuestro país es receptor de una gran cantidad de inmigrantes haitianos (muchísimos de ellos sin papeles) y en menor medida venezolanos y de otras nacionalidades, no menos cierto es que alrededor de dos millones de criollos residen fuera del país (20% de la población).

Miles de ellos se fueron en yola o aprovecharon una visa de turismo y luego se quedaron por allá de manera irregular, todo por echar hacia adelante, para ayudar a sus familias o encontrar una oportunidad que su país no les ofrecía.

En una demostración de “saltapatrismo” olímpico, el PRM y otros partidos de oposición se han apresurado a expresar su rechazo al Pacto.

Hay que respetar la posición de cada cual sobre este aspecto, incluso si es una posición fruto de una visión políticamente e ideológicamente atrasada. Pero no así si se trata de un oportunismo o mera cobardía.

Básicamente, el Pacto Migratorio tiene entre otros objetivos minimizar los factores adversos y estructurales que obligan a las personas a abandonar su tierra, velar porque todos los migrantes tengan pruebas de su identidad jurídica y documentación adecuada.

También, aumentar la disponibilidad y flexibilidad de las vías de migración regular, facilitar la contratación equitativa y ética y salvaguardar las condiciones que garantizan el trabajo decente.

Además, se plantea reducir las vulnerabilidades en la migración, reforzar la respuesta transnacional al tráfico ilícito de migrantes, combatir y erradicar la trata de personas.

Gestionar las fronteras de manera integrada, segura y coordinada es otra meta, así como utilizar la detención de migrantes solo como último recurso y buscar otras alternativas.

Proporcionar a los migrantes acceso a servicios básicos, lograr la plena inclusión y la cohesión social, eliminar todas las formas de discriminación y modificar las percepciones de la migración.

Hay propuestas tan sencillas como promover transferencias de remesas más rápidas, seguras y económicas y fomentar la inclusión financiera de los migrantes.

Además, colaborar para facilitar el regreso y la readmisión en condiciones de seguridad y dignidad de los que retornan.

Y por último, fortalecer la cooperación internacional y las alianzas mundiales para la migración segura, ordenada y regular.

Por todo ello debemos firmar ese pacto.

Como me comentaba mi amigo Peña, por la composición de la comisión designada por el Ejecutivo para estudiar el proyecto, se puede inferir que República Dominicana va a suscribir el Pacto.

Si por el contrario no lo suscribe, sería una señal de que Danilo Medina intentará reelegirse y por eso trataría de hacerse el gracioso ante una masa que, influenciada por un discurso atrasado, ve al inmigrante como un peligro. Lo cual sería una gran incoherencia.

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