Si no funciona… es mejor decir adiós



Dejar atrás lo que ya no nos funciona podría decirse que es fácil, sin embargo, no todos logramos decir adiós ni apartarnos del camino para que las aguas puedan seguir su curso.

Muchas son las ataduras que se van tejiendo en el cerebro para retardar esas decisiones que, aunque pueden ser dolorosas, a la larga nos harán más bien que mal.

Y es en este momento que la palabra “desapego” va cobrando importancia en nuestras vidas. Para muchos este término puede causarle cierta sensación de frialdad e incluso de egoísmo emocional.

Nada más lejos de la realidad. Entendida dentro del contexto del crecimiento personal, supone un gran valor interior que todos deberíamos aprender a desarrollar.

Practicar el desapego no significa en absoluto desprendernos de todo aquello que es importante, rompiendo vínculos afectivos o relaciones personales con quienes forman parte de nuestro círculo personal.

Significa saber amar, apreciar e involucrarnos en las cosas desde un punto de vista más equilibrado y saludable, liberándonos a su vez de esos excesos que nos ponen cadenas y que nos amarran. Que nos cortan las alas.

Cuando tenemos que seguir avanzando, nos enfrentamos a decisiones de vida muy complicadas que nos obligan a salir de nuestra zona de confort.

En estos momentos es normal que nos asalte el miedo, mas no debe ser la traba que detenga nuestro caminar.

Leí por ahí que “la liberación emocional es darnos la opción de vivir con más honestidad de acuerdo a nuestras necesidades, dándonos la opción a crecer y avanzar con conocimiento de causa, sin dañar a nadie y sin que nadie nos ponga un cerco camuflado con las cadenas del amor pasional, filial o incluso materno”.

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