Salud… ¿para quién?



El 14 de noviembre de 2016 publiqué un escrito titulado: “Salud: de un derecho a un negocio”. Planteaba que la salud había dejado de ser un derecho, convirtiéndose en una mercancía; y creados mecanismos para desviar los fondos públicos para beneficios privados.

Al ver que eso que a mí me resultaba tan evidente y alarmante no causaba reacción en los “expertos”, llegué a pensar qué tal vez yo estaba equivocado.

Tiempo después asistí a una conferencia donde el doctor Roberto Sánchez, neurocirujano, trataba el tema. Me dije: si estoy equivocado al menos no estoy solo.

Otra vez el tema no caló mucho. Entonces pensé que tal vez el doctor Sánchez era una especie de Quijote, luchando contra todo un sistema, y que yo, a lo sumo, sería una especie de Sancho Panza.

Hace unos días recibí una invitación para la presentación de un informe de la Fundación Juan Bosch: “¿Seguros de Salud o Negocio Seguro?”, que aborda de manera irrefutable la problemática de la salud, su privatización, aplicando un modelo neoliberal insostenible.
Ahí me convencí de que no estoy equivocado, y que tampoco lo está el doctor Sánchez. Los que están equivocados son quienes han impuesto el actual sistema de seguridad social, donde la salud es una mercancía que se aleja del alcance de los que no tienen dinero.

Tal vez han pretendido que la forma de acabar con la pobreza es dejándoles morir al quitarles el acceso a la salud.

El dinero que pagamos en impuesto está yendo a parar a manos privadas, mientras el presupuesto de los hospitales públicos es sistemáticamente recortado.

Esto sumado a otro invento: hospitales autogestionados, modernos centros de salud, muy bien equipados, pero donde si no pagas, a tarifas de centros privados, te puedes ir a morir a otro lado.

Cuando la salud es un derecho ofrecido por el Estado, los enfermos son un costo y debe procurar que la gente no se enferme; pero si es un negocio, el enfermo es un cliente. Ahí la razón por la cual no hay programas efectivos de salud preventiva, ni atención primaria.

Citaría el artículo 61 de la Constitución, sobre el derecho a la salud. Pero en este país citar la Constitución no sirve de mucho.

Concluyo con los últimos párrafos de mi anterior escrito, pues siguen vigentes, y ahora, que sé que estoy en lo correcto, los escribo con más fuerza:

“Debemos luchar por una salud pública y de calidad. Por un sistema de salud que eduque, prevenga, y cuente con un nivel efectivo de atención primaria con centros en cada barrio y sector.

Tal vez alguien pensará que pretendo que la salud sea gratis. ¡Claro que no!

El dinero de la salud pública sale de los impuestos, no del bolsillo de ningún político o empresario. Sale de las costillas de este pueblo”.

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