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Retos democráticos de 2020

Alo interno y a lo externo, existe un patrón extremo de competencia partidista. Aunque con debilidades estructurales, tenemos una democracia más madura y una sociedad civil más formada y con mayor capacidad crítica.

La nueva ley de partidos debe servir para elevar la calidad de los procesos electorales y para profundizar la democracia interna de los partidos.

Por el alto grado de competitividad partidaria es grande el reto de 2020 para las autoridades electorales.

Nuestra situación política requiere de un alto grado de responsabilidad institucional de los actores que intervienen en los procesos electorales. Si bien es imposible predecir el futuro, una cosa parece clara: los partidos políticos seguirán siendo muy competitivos, habrá alianzas incomprensibles y reorganización de fuerzas alrededor de candidatos que podrían dividir internamente a las organizaciones políticas.

Frente a serios problemas de corrupción, falta de transparencia -a pesar de los avances-, las desigualdades y el nepotismo, debemos preguntarnos si la democracia debe ser rediseñada para dar mayor participación ciudadana. Las protestas frente a dicha situación indican que grupos importantes de la sociedad advierten y critican las deficiencias políticas para hacer realidad los ideales democráticos.

Como las distorsiones institucionales son obvias, el presente es un tiempo crítico para reinventar y expandir los ideales democráticos.

Hay prácticas emergentes y alternativas de participación democrática y existen mecanismos institucionales, como el referéndum y otros mecanismos de participación más directos, para consolidarlas.

Estamos obligados a revitalizar y darle un nuevo aire al sistema democrático.

La democracia nos permite cuestionar pública y continuamente su valor y sacar a muchas personas de su zona de confort. En especial a los líderes políticos, empresariales y de la propia sociedad en general.

Para posicionarnos en la cuarta revolución industrial, en la que estamos inmersos, debemos proponer pacíficamente nuevas formas democráticas y de producción de bienes y servicios.

De lo contrario podemos perecer institucionalmente. Es cierto que hay que reconsiderar la democracia, pero sin eliminar sus bases y valores y defendiendo y volviendo a examinar la idea de democracia, la que tiene que estar en capacidad de fomentar la igualdad, la libertad y la influencia de los ciudadanos en la vida política y en el destino del país.

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